«Hay días que somos tan móviles, tan móviles…»

Hace unos años yo ejercía de ejecutivo de alguna compañía y tenía, lo que me parecía muy bueno, que viajar a diferentes sitios a visitar los proyectos que estábamos desarrollando es esos momentos. Así que es cierto, era yo bastante móvil. Tuve entonces la suerte de conocer algunas ciudades, aunque eso es bastante presuncioso: cuando uno viaja por negocios, conoce ciertamente los aeropuertos, las salas VIP, las oficinas de los clientes, buenos restaurantes y de pronto alguna que otra cosa cultural. Pero no llega a conocer las ciudades: uno está demasiado ocupado trabajando.

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Volviendo al punto, estuve en Lisboa (Portugal) y lo que conocí de esta ciudad me pareció de las experiencias más enriquecedoras por lo que pude ver de su arquitectura, sus palacios (¡hay que ver nomás donde queda la sede de la embajada colombiana!), el puente Vasco da Gama sobre el río Tajo, su gente, su comida, sus vinos oporto y verde y su música, en fin.

Estando en una de estas visitas un día antes de regresar a Colombia y ya solo, me fui a un pequeño restaurante (¿saben que no recuerdo el nombre?) y pedí en mi portugués bastante básico un estofado de carne de cabra. Al primer bocado que tomé, no digo mentiras, se me salieron las lágrimas. ¡Cómo iba yo a saber que en un sitio a diez mil kilómetros encontrara un plato con el mismo sabor y el mismo aroma al que preparaba mi mamá, hacía muchísimos años! No les miento, me transporté a las imágenes de mi casa, con mi mamá en la cocina y todo el lugar oliendo a las especias y las verduras y a las hierbas con las que preparaba el estofado de carne de cabrito… ummmh. Alguna vez he tratado de hacerlo, con otro tipo de carne:

No es igual, aunque me queda bastante bien.

Y tuve el privilegio de oir fados. Ahh ¡qué música tan bella! Aunque la palabra es casi intraducible, uno sabe que oír fados interpretados en esas guitarras portuguesas, es experimentar saudade. Ay. Si alguna vez se sienten nostálgicos hay montones de fados en Youtube y en Spotify. Uno que recomiendo es el que interpretan una cantante portuguesa, Mariza y un cantaor flamenco Miguel Poveda, se llama «Meu fado meu» y sientan la saudade.

Empecé esta publicación con el primer verso de la «Canción de la vida profunda», del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, que no se llamaba así sino que este era su seudónimo para cuando ejercía el oficio de poeta. Y me pareció que aplica muy bien a lo que quise relatar: «Hay días que somos tan lúgubres, tan lúgubres…»

Published by pilatescaribe

Systems engineer and finance specialist. My hobbies, besides exercising, are writing, reading, cooking and music.

One thought on “«Hay días que somos tan móviles, tan móviles…»

  1. El oporto en lisboa y los pasteles de bacalao otro de los recuerdos de ese bello pais

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