Alguna oda a la vida: a pesar de la pandemia

Sigo retando mi inteligencia al leer libros de disciplinas diferentes a la mía ya que los de esta última o me da pereza leerlos o definitivamente ya no los entiendo. Tratar de entender cosas escritas de áreas del conocimiento en la cual uno no ha tenido bases suficientes es complicado. Pero a la larga esta búsqueda de algún saber se convierte en un viaje enriquecedor.

Mi abuelo tuvo cáncer en los años 60. Era un hombre de una madera diferente a la nuestra o a la mía al menos. Un día (ya tenía la enfermedad, evidentemente) se levantó de su cama muy temprano, desayunó y se fué a la terminal de transporte donde tomó un taxi y viajó a otra ciudad distante unas tres horas. Cuando llegó, se fué a una clínica, se hizo quitar un lunar que tenía en la espalda y que le dolía y le producía picazón y sin mediar ninguna recuperación, volvió a tomar otro taxi y se devolvió a la casa, a tiempo para la comida que se servía invariablemente a las seis de la tarde.

Desde hace años me produce fascinación cómo esta enfermedad llamada cáncer (o enfermedades, más exactamente), empieza y crece dentro del cuerpo humano y este crecimiento lo hace de manera que parecen células buenas con algún pequeño “defecto” de ADN, o algo así. Esto me ha intrigado durante mucho tiempo y me ha producido temor y respeto hacia la enfermedad, pero a la vez un sentimiento de una travesía inexorable.

Para mejor ilustración de aquellos que no somos médicos, hace un tiempo apareció un libro de un escritor de ascendencia india, Siddartha Mukherjee: «El emperador de todos los males» sobre el cáncer. Es un médico Ph.D y ganó premio Pullitzer. En él, de una manera bastante accesible se plantea: ¿podemos imaginarnos en el futuro un final del cáncer? ¿Es posible erradicar para siempre esta enfermedad de nuestro cuerpo y de nuestras sociedades?

dentro de las cosas que dice está el hecho que el cáncer ha estado presente desde el comienzo de la humanidad puesto que se han encontrado momias con tumores cancerosos principalmente en los huesos, que son los que se preservan. La enfermedad está estrechamente ligada al ADN humano, por lo cual se hace muy difícil encontrar una cura definitiva desde la medicina. Yo me imagino que en el medioevo no se sabía mucho de la enfermedad porque la gente ni siquiera llegaba a la edad de mayor propensión a contraerla. Por otra parte, ahora además somos capaces de producir nuestras propias causas del cáncer, como el cigarrillo o el asbesto.

Mi abuelo murió dos semanas después de aquel viaje porque la enfermedad le hizo metástasis en varios órganos. Muchos años he tratado de evocar y entender el sentimiento de rabia de mi mamá, porque ella siempre le echó la culpa de la metástasis a la operación brutal, a todo el proceso y al médico que se la hizo.

Pero ahora la enfermedad, al menos alguna de ellas, es tratable sobretodo en las etapas tempranas y eso nos hace confiar en los médicos, en las medicinas, en los investigadores. Todos moriremos o de cáncer o por la pandemia o por algún accidente, o por cualquier causa. Lo que no sabremos es cómo. Una poeta peruana, Blanca Varela, lo expresa con mucho acierto en un poema que transcribo:

Nadie nos dice cómo…

Nadie nos dice cómo

voltear la cara contra la pared

y

morirnos sencillamente

así como lo hicieron el gato

o el perro de la casa

o el elefante

que caminó en pos de su agonía

como quien va

a una impostergable ceremonia

batiendo orejas

al compás

del cadencioso resuello

de su trompa

sólo en el reino animal

hay ejemplares de tal

comportamiento

cambiar el paso

acercarse

y oler lo ya vivido

y dar la vuelta

sencillamente

dar la vuelta

Ojalá uno pudiera hacer lo del elefante y tener la claridad de haber estado bien el tiempo vivido, no tranquilos porque eso sería muy aburrido, pero sí que uno pueda decir lo que me dijo alguna vez un presidente de una compañía: “Esta empresa me lo dió todo, pero yo también a ella: estamos en paz”.

Lo que llevamos de investigación, progreso, cura del cáncer como especie humana, hace que podamos confiar en el futuro y que seamos capaces de sobreponernos a estos y otros obstáculos y sobrevivir a la pandemia actual y las futuras.

Tenemos la esperanza de que la especie seguirá, lo que se traduce en que nuestros descendientes lo harán. Falta únicamente ser conscientes de nuestro buen devenir y de cuidar el planeta que por ahora es nuestra única casa.

Published by SueñosFinales

Systems engineer and finance specialist. My hobbies, besides exercising, are writing, reading, cooking and music.

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