Vida bucólica

Eso de la ilusión por la vida pastoril, autosuficiente con una gallina que dé huevos y una vaca que dé leche, no existe sino en los cuentos. Ahora que vivo en una casa con un terreno pequeño, veo lo complicado que es el campo y lo respetable de quienes viven de él. Para un citadino como yo, sacar una yuca de la tierra se convierte en un proyecto grande. De la educación del colegio recuerdo que la yuca es una raíz y entonces tomo el azadón que tengo, voy donde está el arbusto y empiezo a darle golpes a la tierra al principio de manera metódica pero a medida que me voy cansando me convierto en un energúmeno que le pega al terreno inútilmente. Convertirme en esto último no toma más de tres minutos porque trabajar con el azadón es un ejercicio brutal: me duelen la espalda, los brazos, las manos, las piernas y la cintura.. Hay que parar, descansar y volver a sacar más tierra: no me voy a dejar.

Como no he aprendido la forma de echar azadón y tampoco dónde diablos está la yuca, no sé si el proceso va a funcionar. En algún momento, golpeo algo como una raíz…destruyo la primera yuca que encuentro. Pero por lo menos me da un indicio sobre la geolocalización del tubérculo y finalmente, luego de unos veinte minutos de revolver la tierra como si fuera un tractor, encuentro algunas raíces que parecen comestibles. Triunfo total, cuatro yucas de buen tamaño y aspecto. Yo estoy cubierto de sudor y exhausto. Ahora, hay que cargarlas (pesan unos seis kilos), lavarlas, quitarles la corteza, partirlas por la mitad y sacarles una vena que tienen. El proyecto yuca tomó casi tres horas en total para cuatro unidades. En la noche siento una razón de porqué dicen que el campo es improductivo: no me puedo mover de la cama, me duelen unos músculos que no sabía que tuviera: a tomar acetaminofén. Al día siguiente viene un maestro que me está haciendo una reparación de un piso en la casa y cuando vamos los dos a mostrarle orgulloso mi trabajo, veo una familia de roedores que llaman ñeques (una especie de chigüiro de pelo negro más pequeño), que esos sí encontraron las yucas que yo no ví y el obrero se ríe de mi labor.

No me voy a dejar. Yo que he dirigido proyectos de implementacion de software complejo y desarrollo de aplicaciones, que eso sí sabe uno cuando empieza pero no cuando termina, no me va a superar esta cosa del campo y sus productos. Volveré a las yucas cuando pueda alzar de nuevo el azadón, que estimo será en unos tres o cuatro días. Pensarán que ya aprendí a sacar estos tubérculos, pues no pero lo seguiré intentando hasta la última mata.

Siguiente proyecto, bananos para comer. Esos por lo menos los ve uno, no como las yucas que las tiene que presentir. Pero tampoco es tan fácil el asunto. Me voy hacia el árbol más prometedor, que tiene un racimo hermoso. El banano para comer está a cuatro metros de altura y el racimo pesa unos 20 kilos. Mi mente de ingeniero calcula que si cae al suelo serán como unos 8.000 newtons: ¡UY! Hay que cortar el árbol y no dejar que el racimo golpee muy duro el suelo porque se dañan los frutos, por otro lado no sé que bichos hay dentro del racimo. Tengo un machete y ya casi lo sé usar. Tiene un filo peligroso y logra uno cortar de un tajo un árbol no muy grueso de plátano. Entonces hay que armar toda una parafernalia para evitar que los frutos se golpeen, que el racimo no le caiga a uno encima y una vez en el piso, cortarlo en gajos de unos quince frutos cada uno.

Cargue los gajos teniendo cuidado de no alterar el hábitat de los bichos adentro. Afortunadamente la tarántula que vivía en el racimo se va al lavar los bananos: yo no las molesto y ellas a mí, espero… tampoco. Casi un éxito, el ochenta por ciento de los frutos sirven.

Ahora tenemos para los dos de la casa unos 90 bananos para comer. ¡Eso es un montón!. Potasio en cantidades industriales. Menos mal que a los perros, que esos animalitos sí son indispensables en el campo, también les gusta comer bananos. Y los demás bananos, a regalarlos porque no tenemos ni idea de cómo comercializarlos.

No me voy a dejar de esto de las labores campesinas. Tengo toda mi vida para aprender. Respeto profundamente, más ahora, la labor de los campesinos que sacan frutos de la tierra para que podamos comer los citadinos ignorantes del trabajo detrás de sacar una yuca o un banano. Por ahora dada mi inhabilidad para las cosas que no se mueven, puesto que lo otro sería mucho más complejo, no tengo pensado el tener gallinas o cerdos o vacas o peces. Una vecina tiene cerdos y ella misma los sacrifica y los ofrece, a veces le compro carne.

Post Scriptum:

Murió nuestra gata Cosita, gran amiga y compañera por más de quince años. Una gata hermosa de una personalidad muy especial. Tengo bellos recuerdos de ella.

cof

Published by SueñosFinales

Systems engineer and finance specialist. My hobbies, besides exercising, are writing, reading, cooking and music.

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