Derecho al olvido

A mí me acostumbraron a que olvidar las cosas no es bueno y fíjense que después de cierta edad el miedo a olvidar se hace patente porque los demás se lo recuerdan como el Alzheimer incipiente que parece padecer o que constantemente lo acecha a uno. Sin embargo, al contrario hay muchas investigaciones que dicen que olvidar permite nuevas formas de entender la resolución de problemas y que la creación de neuronas pues trae una porción de olvido, por ejemplo. Así que no puede ser tan malo.

El derecho al olvido pasa primero obvio por olvidarse de las cosas: ¿cuáles? las que uno quiera, ¿difícil de hacer? Sí. No es fácil olvidar episodios si uno cree que le afectaron la vida y pensar si el hecho puede ser o no susceptible de algún tipo de perdón. Yo creo que uno podría ser más feliz si no recordara aquellos hechos de la vida que le trajeron tristezas, frustraciones o enseñanzas que no valieron la pena y el olvido sería como dice Borges «…la única venganza y el único perdón».

No entiendo a aquellos que dicen que no olvidan nada, cómo serán sus sueños y su vida en permanente alerta. Son esas personas que funcionan como los servidores de «big data» que no olvidan absolutamente nada ni siquiera cuando se les va la energía, si eso es algo que pueda ocurrir en las granjas de servidores de Amazon o Meta. Por cierto en mi época de vendedor de computadores me encantaba aconsejar a los clientes que guardaran la mayor cantidad de información posible en sus sistemas y así tendrían toda la historia a su disposición porque sabía que si seguían creciendo y creciendo me comprarían más equipos, no sólo de almacenamiento sino de poder de cómputo.

¿Tenemos derecho a olvidar? ¡por supuesto! y no de una manera ficticia sino que debe hacerse el propósito de no recordar, así se lo recuerden otros. Y lo contrario pues también es absolutamente cierto como por ejemplo, recuerdo con mucho cariño a mi profesor de un par de materias de la universidad, que vale la pena mencionar porque son de esas que uno se sentía más inteligente que los demás estudiantes de otras carreras cuando las nombraba: «Sistemas lineales» y «Procesos estocásticos». Sobra decir que no recuerdo nada o no quiero recordar nada del contenido de esas dos materias, aunque me fué bien gracias al profesor Jacobo Goldstein (q.e.p.d). Mi primer encuentro con Jacobo fue espectacular y me dió una lección de humildad riquísima: teníamos en la de sistemas lineales otro profesor que no me gustaba y me llegó el rumor que lo cambiarían. En la siguiente clase llegué al salón, me senté con unos compañeros y les dije: «Oigan, parece que nos cambiaron el profesor y ahora es un tipo Goldstein, ¿quién será ese hp?». Inmediatamente alguien en el asiento detrás mío dijo con una sonrisa irónica «Yo soy ese hp». Así que tuve que estudiar mucho, pero el hombre que fue sin duda el mejor profesor que he tenido no era ni mucho menos rencoroso (a lo mejor tenía una buena capacidad de olvido) aunque de vez en cuando me molestaba con el episodio como si fuéramos cómplices.

Por último, el otro día leí que una persona que cometió un delito y pagó su sentencia de cárcel solicitó por medio de una Acción de Tutela (mecanismo en Colombia muy expedito para reclamar de los Jueces la protección inmediata de sus Derechos Constitucionales Fundamentales) que con el fin de facilitar su resocialización, se debía borrar todo el historial de él en redes sociales y motores de búsqueda. Y traigo a colación lo que está avanzando en todo esto de la gran cantidad de información que se guarda en los servidores de las redes: El Derecho al Olvido: «Se podrá revocar el consentimiento prestado para el tratamiento de datos personales en cualquier momento, pudiendo exigir la supresión y eliminación de los datos en redes sociales o buscadores de internet». No tengo idea si pudieron cumplir el mandato del juez en Colombia, porque eso de borrarlo a uno del internet debe ser muy complicado y porque los dueños de las compañías de redes sociales pueden ser más poderosos que muchos países.

Mi papá sufrió de Alzheimer, por lo cual dicen los médicos que yo tengo una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad. Los últimos años no lo ví mucho, pero mi hermano lo cuidó hasta que murió. Recuerdo que mi papá en su enfermedad fué olvidando y se fué desvaneciendo hasta que se desapareció y perdió ese derecho a olvidar sólo lo que uno quiere. Pero también recuerdo su inteligencia, su sentido del humor y su gusto por la música y el fútbol. Él guardaba una botella de buen whisky en su armario bajo llave y cuando yo regresaba de la universidad a vacaciones a la casa de mis padres, antes de la cena me daba un trago en copa de shot y me decía: «rápido, tómeselo porque necesito la copa», después de comida nos íbamos a jugar billar.

Published by SueñosFinales

Systems engineer and finance specialist. My hobbies are writing, reading, cooking and music.

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