Ahh las palabras

Siempre me han gustado las palabras, inclusive las raras. No tanto como para participar en uno de esos concursos españoles como «Pasapalabra» (basado en el ingles The alphabet game) porque ese de vez en cuando se lo gana una de esas personas que saben un montón de definiciones inútiles (en el sentido de que no se usan coloquialmente) como:
Empieza por P: Olor que hay en el ambiente cuando llueve – Preticor
Empieza por G: nombre que recibe la espuma de la cerveza cuando se sirve en un vaso – Giste
Empieza por A: pequeña almohadilla llena de alfileres para coser – Acerico
Las palabras que responden a esas definiciones son de las que puede usar uno para las claves de los portales de los bancos o en las suscripciones digitales ¡qué sé yo!, serían códigos casi inquebrantables:
Imaginen una clave como @cerico1874$ o &Preticor2023 jajaja…
Los colombianos repetimos cada vez que cantamos el himno nacional: «Oh gloria inmarcesible» y seguramente más del ochenta por ciento de nosotros no tiene idea de lo que significa inmarcesible. Claro que el autor de la letra del himno retaba la inteligencia en las estrofas (VIII):
La virgen sus cabellos
arranca en agonía
y de su amor viuda
los cuelga del ciprés.
Lamenta su esperanza
que cubre loza fría
pero glorioso orgullo
circunda su alba tez

Como dicen en nuestra costa Caribe: «Y ajá».
Uno de los últimos concursantes que se ganó el premio del programa Pasapalabra se llevó casi dos millones de euros, menos el cuarenta por ciento de impuestos, claro.

Esta es una imagen de Pablo, ganador de €1´828.000 y estuvo más de 250 programas. Tomada de internet, puede pertenecer a Antena3

Alguien en España publicó un estudio informal sobre si vale la pena permanecer tres o cuatro meses, día tras día, respondiendo a las preguntas más intrincadas sacadas del María Moliner o de otras fuentes y con la presión, etc. Algunos de los concursantes pasan por varios de estos programas y aparentemente lo toman como un trabajo. Lo otro que subyace detrás de esos abultados premios es por supuesto el ¡rating!. de lo que viven los programas de tv, en horario de las ocho de la noche (o de la tarde por esta época). Los costos de mantener un programa de estos deben ser ingentes: equipo de producción que incluye lingüistas, presentador al que le deben pagar una buena cantidad, conseguir invitados que vayan, empezar con un premio de cien mil euros e ir aumentando cada programa que no ganan en seis mil más. Hoy el premio va en más de un millón cien mil euros.
Cuando yo todavía vivía en casa de mis padres, hubo en la televisión (en blanco y negro) un programa que se llamaba Veinte mil pesos por sus respuestas similar aunque más de cultura general que de definiciones de diccionario. No sé cuánto valdría hoy ese premio. Recuerdo un tipo experto en colombofilia, que no es alguien a quien le gusten los colombianos o Colón sino experto en la cría y adiestramiento de palomas. Este personaje llevó algunos ejemplares al programa que se transmitía en vivo. Así lo hizo otro herpetólogo que llevó algunas serpientes y recuerdo al juez del programa Antonio Panesso Robledo muerto de susto él, con los animalitos cerca en el estudio.


Yo no podría asegurar si uno aprende algo o no en programas como estos. Ya se me olvidaron las definiciones de arriba por ejemplo. Sí sé que no aprendo (yo) nada en esos programas que tratan de imitar a American Ninja Warrior, cuyo premio es de un millón de dólares y la infraestructura que montan en cada ciudad es colosal. Por acá en Colombia hay un programa parecido, un reality con aparente éxito cuyo premio es de ochocientos millones de pesos (unos doscientos mil dólares). No lo veo. Las competencias, si bien pueden ser interesantes, están rodeadas de las conversaciones que tienen los participantes en sus propios ambientes y ¡qué horror!, prefiero no oírlas. Ahh, tampoco veo los Master chef porque me molesta la actitud de los chefs jurados: tipos detestables esos.

Published by SueñosFinales

Systems engineer and finance specialist. My hobbies are writing, reading, cooking and music.

One thought on “Ahh las palabras

  1. de chiripa entendimos algunas de esas palabras, no sea que la chepa se nos acabe y terminemos tirando caja con los amigos

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