No es sobre ética o tecnología

Para mí no hay nada mejor que el anonimato. Hace unos años la mayoría de los gringos caminaba sin ninguna identificación en sus ciudades, así mismo cuando yo iba allá dejaba el pasaporte guardado en la caja de seguridad del hotel para no correr el riesgo de botarlo y nunca nadie me pidió identificarme o algo parecido. Uno se sentía bien, casi libre. Ahora todo ha cambiado: máquinas de reconocimiento de patrones y de imágenes lo vigilan a uno, verifican la identidad y no sé qué más. Inclusive en Colombia entiendo que la Justicia dijo que las multas por exceso de velocidad con base en las fotografías de las cámaras de las vías, deben identificar al conductor para validar los comparendos.
El título de este escrito tiene algo que ver, pero no voy a hacer una recopilación ni disertación sobre el tema. Espero seguir en mi línea de no enseñar cosas, aunque es difícil pensar en eso cuando uno escribe. No tengo y espero seguir así, ni Facebook, ni Instagram, ni TikTok ni nada de eso. Y digo que no tengo nada de eso de manera ingenua, porque seguramente alguien ya los tiene a mi nombre… o ¿será paranoia? ¿será que pertenezco ya a pesar de mi deformación profesional, a aquello que alguien llamó la «revuelta de los ancianos»? gente que se siente expulsada de los espacios nuevos de tecnología.
Ver: https://larepublica.pe/mundo/2022/02/28/la-revuelta-de-un-anciano-de-78-anos-que-exige-mejor-atencion-en-los-bancos-en-espana/

Tengo usuario registrado en Linkedin, Netflix y Spotify, este último porque oigo música mientras escribo o leo, Linkedin porque hay muchos profesionales amigos y algunos que fueron clientes míos allí. Alguien me hizo meter hace un tiempo y además miro de vez en cuando a ver si hay para mí un trabajo fácil, bien pago, poco tiempo de demanda, que no joda el jefe, que sea virtual, algo que me guste, clientes satisfechos, que no les importe mi edad, que me dejen decir lo que quiera, etc., pero no ha aparecido hasta ahora.
A Spotify me gusta creer que puedo confundirlo y entonces oigo a músicos colombianos, venezolanos, argentinos y paso a Frank Zappa o Hozier y luego Beethoven, Telemann, Palestrina, Toby Keith, al Conjunto Clásico y muchos otros y guardo la esperanza de que no me prediga o al menos le cueste más trabajo: que no sepa exactamente cuál es mi música de verdad, iluso yo. Aunque confieso que ya me empezaron a gustar las listas que ha construído para mí porque contienen artistas que yo no habría conocido de no ser por ellas. No es lo mismo con Netflix, a lo mejor porque no lo veo tanto o porque el software de predicción de ellos no es tan bueno como el de Spotify y porque creo que su buscador es muy primitivo y entonces me da pereza buscar películas.

En 2017 leí que Facebook desconectó dos robots que habían empezado a crear un lenguaje para hablar entre ellos, naa. Si el lenguaje se lo programaron los humanos y los robots no tienen o perciben (aún) sensaciones como para elaborar nuevos conceptos, entonces la cosa esta no fué más que un puro asunto comercial. Y para ilustrar, cito a Lorena Jaume, experta en inteligencia artificial quien trabaja en gobernabilidad y aspectos éticos de la automatización y digitalización, directora de Ethical Tech Society: «…los algoritmos genéticos, los que se usan en coches autónomos calculan qué pasa si el vehículo va por todas las vías posibles y, cuando prevén colisión, eliminan esa ruta del cómputo. Si mi hija hiciera algo así para salir de la habitación, dándose golpes contra las paredes hasta que lograra pasar por la puerta, diría que tiene un problema cognitivo, pero en tecnología lo llamamos aprendizaje automático»machine learning, ¡Qué tal!.
Dice Daniel Innerarity, un filósofo actual, que los algoritmos predictivos creen que el futuro será una reproducción de nuestro pasado sin contemplar deseos o aspiraciones o desigualdades y asimetrías del mundo real: “Los algoritmos son conservadores y nuestra libertad depende de que nos dejen ser imprevisibles”.

Pero me desvié del asunto de la enseñanza. A todas estas, en los días prehistóricos de la informática cuando aprendí a programar computadores, me enseñaron que lo primero que había que escribir era el algoritmo. Una vez el algoritmo era probado, se procedía a traducirlo a un lenguaje de programación que entendiera el computador. El término a los que estudiamos con el álgebra de Baldor lo asociamos con «al-Khwārizmī» sobrenombre del célebre matemático Mohamed Ben Musa y significa conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema. Ahora parece que el término se ha extendido hacia el programa en sí y el tal algoritmo es el que aprende, predice, sitúa geográficamente, sabe de nuestras costumbres y gustos, etc., en fin. No soy capaz de idearme una explicación de porqué sucedió esto o si será que es otro signo de mi pertenencia a la revolución de los ancianos.

Published by SueñosFinales

Systems engineer and finance specialist. My hobbies are writing, reading, cooking and music.

2 thoughts on “No es sobre ética o tecnología

  1. Ojala encuentre en linkedin un trabajo sin que el jefe lo joda y buena paga me cuenta si lo consigue

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  2. Gracias Sergio, muy bueno…de acuerdo, ahora todo lo hacen los algoritmos y las Apps como si fuera magia y no humanos programando.

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