¿Celos?

En estos días de cambio de gobierno en mi país, me he dedicado a ver las opiniones de periódicos extranjeros sobre nosotros. Muchos hablan del cambio que se viene y de cómo los que vivimos en la parte rural nos vamos a beneficiar con estos nuevos aires. Si sólo mejoraran las carreteras secundarias y terciarias sería uno de los logros más importantes que se hayan visto en el campo colombiano. Desde la finca donde vivo a la avenida hacia la ciudad más cercana, Fusagasugá hay unos cinco kilómetros y me toma en carro quince minutos (velocidad de 20 KM/H). No hay que perder la esperanza, «amanecerá y veremos, dijo el ciego».
Por otro lado tiene su compensación esto de vivir en un sitio rural: no hay contaminación grande ni ruido de vehículos, no hay congestiones ni de gente ni de vehículos y la ciudad está relativamente cerca. Cuando hago jugo de la cosecha no pienso que las seis u ocho naranjas utilizadas debieron de tener un costo entre diez a quince dólares (abono, cuidado del terreno, matamalezas, etc), porque lo que cuenta es el placer de tomarlo con frutos recién cogidos de la planta que sembré hace años.


Ahora como he relatado en otras crónicas uno tiene que hacer de todo y arreglárselas como mejor pueda con diferentes oficios para los cuales no fue preparado: aprendí a cambiar el árbol del sanitario, instalar los grifos de los lavamanos, arreglar tubos de agua rotos a las seis P.M., porque se rompen es a esa hora o más tarde, con pedazos de plástico de neumático mientras que al día siguiente puedo ir a comprar dos uniones y un metro de tubería de un diámetro que por alguna razón se mide en pulgadas y es necesario reconocer de cuántas es el tubo roto lo que a los ingenieros de sistemas nos parece complicadísimo, pegante para pvc y algo para cortar el tubo y una hora después con la espalda dolorida y un par de cortadas en los dedos, volver a conectar el agua.

Y qué decir de las mascotas. Dos perros grandes, una perra pequeña de unos diez años (se llamó originalmente Nirvana, pero no responde a este sino a Negra), una gata, un gato y las arañas y mariposas que no tienen nombre.


Aprendimos entonces de las tales «feromonas»: llegó (por bruto yo de aceptarla) una perrita nueva para que la cuidáramos unos días. Con la presencia de los machos, pues se puso en celo y las feromonas también activaron a la Negra, quien supuestamente estaba operada pero seguro le quedó un dos por ciento de ovarios y las perras no tienen menopausia… De un día para otro, los perros machos se pusieron en modo búsqueda de pareja. Yo creo que muchos de los lectores habrán visto lo que es el celo de un animal al menos en National Geographic. Pues bien la realidad de la situación no es la del Discovery Channel y en el campo es peor. El perro más grande duerme dentro de la casa y se puso en un nivel de inquietud desesperante, corriendo de un lado a otro, gimiendo y ladrando. Entonces ignorantes, optamos por amarrarlos a todos de manera que estuvieran separados pero ¡qué va!, leímos luego que las feromonas se sienten a un kilómetro de distancia… El tío Google dice que para mitigar el olor puede fumigar alrededor de la perra en celo con: vinagre, vinagre más blanqueador, fumigante para plantas, fumigante para moscas y cucarachas… nada sirve. La segunda noche llegaron los perros de la región invitados al celo de las dos. Y esto parecía una película del hombre lobo: todos aullando la noche entera porque las perras estaban aisladas por la cerca eléctrica, pero las feromonas no. La tercera noche con los perros amarrados y el otro dentro de la casa creímos que íbamos a poder dormir. El de la casa abrió la puerta y el otro se soltó de su arnés donde estaba amarrado. Así que a las dos de la mañana salga a reforzar puertas y a volver a amarrar al otro.

Al siguiente día otra vez ignorantes los dejamos sueltos y obviamente se pelearon los dos perros muy duro y hay que ver cómo es de espeluznante ver este par de animales uno de veinte kilogramos de músculo y otro del doble de peso, trenzados en pelea durísima hasta cuando de nuevo brutos nosotros y luego de dos escobas partidas en los lomos de los perros, logramos separarlos agarrándolos de los collares que sirvieron también para que no se mordieran el cuello.

Vuelva a amarrarlos y además póngales bozal a ambos, pídale a un vecino lejano que se lleve la primera perrita a donde no la puedan sentir los de acá y ponga a la Negra en una guardería durante el tiempo de celo, que es de por lo menos dos semanas…
Por ahora la situación está en equilibrio inestable como dicen en física y comprobamos con la pelea que el perro sí es el mejor amigo del hombre.

Published by SueñosFinales

Systems engineer and finance specialist. My hobbies are writing, reading, cooking and music.

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