Redes y gobiernos

La cosa política no es algo sobre lo que uno quiera opinar, porque suscita una cantidad de sentimientos encontrados en países polarizados como el nuestro (cada vez más común) y además las discusiones no llegan a mucho. Lo que sí puede uno es opinar sobre los medios y la forma como nuestros gobernantes hacen sus tareas y cómo se ven ellos. Ahora bien, con todo lo que sucede en el mundo parece que nuestros países tercermundistas se están volviendo apetecibles para vivir a pesar de los problemas internos y las desigualdades. En estos días conocí a una colombiana que vive hace muchos años en Alemania con su esposo alemán quienes están pensando seriamente volver a vivir en Colombia, porque la situación por allá ha hecho más estragos que nuestros conflictos internos. Cuando les pregunté porqué querrían volver fueron tajantes: «Por la guerra…»
Miren que nuestros gobernantes han visto que lo que más les produce visibilidad internacional durante su período es salvar al planeta Tierra o mejorar los indicadores frente a la banca mundial. Eso sólo afecta el pensamiento a los ciudadanos comunes y corrientes que deben seguir viviendo en el día a día. O será que al ciudadano de a pie le importa si el déficit fiscal es ¿mayor o menor al 4% del PIB? o que ¿es necesario bajar la huella de carbono de las vacas? como dice Lovelock, «lo idiota es legislar contra la emisión de boñiga por parte de las vacas». Al ciudadano le importa si tiene empleo, si tiene cómo sostener su familia, si tiene cómo vivir, si tiene cómo pagar unos impuestos que no entiende de dónde salen, porque lo que dicen es que hay que pagarlos para cubrir el déficit.

A todas estas el poder debe producir una megalomanía en los gobernantes que se creen «enviados» y deben salvar al planeta pero se olvidan que fue la gente quien los eligió, no aceptan el cuestionamiento de la prensa y escriben un trino para salir del paso sin dar muchas explicaciones. La alcaldesa de Bogotá, sin ir muy lejos tiene una pelea contra el uso del vehículo particular por contaminante y porque ocupa más espacio en las calles de la ciudad y todo esto último es cierto. Su propuesta del mundo ideal, que yo creo salió como respuesta rápida a una pregunta incómoda (sólo dice el qué no el cómo), más que de un estudio juicioso es que los particulares transporten más personas dentro del vehículo: como en un ideal donde todos van al mismo tiempo para sitios cercanos geográficamente, donde uno es vecino de los compañeros de trabajo, donde no hay problemas de seguridad y los señores de los taxis pacíficamente van a aceptar esa nueva realidad: «The Truman show». Recuerdo hace un tiempo que en varias ciudades hubo protestas de los transportadores públicos contra la competencia de Uber, cómo será si los particulares prestan el mismo servicio.


Por otro lado, afortunadamente ahora hay redes sociales porque no sé antes de ellas cómo publicitaban sus logros y entonces los gobernantes de muchos países cumplen su mandato con la ayuda de Twitter o Facebook, hay que recordar a Trump. Dicen los que llevan las estadísticas que publicó no sé cuántos miles de trinos de los cuales un porcentaje importante eran mentiras o «fake news» y aún así sigue teniendo un índice de popularidad alto a pesar de los escándalos y del FBI, etc. Entonces ¿ahora se gobierna por «tendencias»? ¡espero que no!. Algo que aprendí hace unos años es que se debe hacer una diferenciación entre el «Estado de opinión» y el «Estado de derecho» y que gobernar según el primero puede ir contra las instituciones de un país y podría prestarse para ir contra la constitución. Además, para manipular las opiniones en las redes pues habrá muchos algoritmos.

Me causó curiosidad hace unos días que se difundió una noticia por redes sociales que la primera ministra de Finlandia, una mujer joven, bailaba en alguna discoteca de por allá. Eso causó estupor entre los conservadores que la tacharon de todo y cuestionaron su ¡capacidad de gobernar!, porque eso sí, en las redes todo se sabe y si alguien hace alguna cosa de inmediato se publica en cualquiera de ellas y pasea la noticia por todo el mundo incluídas las «fake news».


David Trueba dijo refiriéndose a las redes sociales y a que no importa lo escondidos que estemos o que el tema no nos interese:
«No hay manera de escapar a esa crispación de cartón piedra, anónima, visceral y viscosa. Sabíamos que la imbecilidad era infinita; lo que ignorábamos es que llegaría a ser obligatoria.»
Como la orquídea de un día los gobiernos pasan como en esas cuatro fotos: en veinticuatro horas, los estados no y por imperfectas que sean las democracias, pues siguen siendo el mejor modo de gobernar los pueblos.

Published by SueñosFinales

Systems engineer and finance specialist. My hobbies are writing, reading, cooking and music.

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