Ahh las palabras

Siempre me han gustado las palabras, inclusive las raras. No tanto como para participar en uno de esos concursos españoles como «Pasapalabra» (basado en el ingles The alphabet game) porque ese de vez en cuando se lo gana una de esas personas que saben un montón de definiciones inútiles (en el sentido de que no se usan coloquialmente) como:
Empieza por P: Olor que hay en el ambiente cuando llueve – Preticor
Empieza por G: nombre que recibe la espuma de la cerveza cuando se sirve en un vaso – Giste
Empieza por A: pequeña almohadilla llena de alfileres para coser – Acerico
Las palabras que responden a esas definiciones son de las que puede usar uno para las claves de los portales de los bancos o en las suscripciones digitales ¡qué sé yo!, serían códigos casi inquebrantables:
Imaginen una clave como @cerico1874$ o &Preticor2023 jajaja…
Los colombianos repetimos cada vez que cantamos el himno nacional: «Oh gloria inmarcesible» y seguramente más del ochenta por ciento de nosotros no tiene idea de lo que significa inmarcesible. Claro que el autor de la letra del himno retaba la inteligencia en las estrofas (VIII):
La virgen sus cabellos
arranca en agonía
y de su amor viuda
los cuelga del ciprés.
Lamenta su esperanza
que cubre loza fría
pero glorioso orgullo
circunda su alba tez

Como dicen en nuestra costa Caribe: «Y ajá».
Uno de los últimos concursantes que se ganó el premio del programa Pasapalabra se llevó casi dos millones de euros, menos el cuarenta por ciento de impuestos, claro.

Esta es una imagen de Pablo, ganador de €1´828.000 y estuvo más de 250 programas. Tomada de internet, puede pertenecer a Antena3

Alguien en España publicó un estudio informal sobre si vale la pena permanecer tres o cuatro meses, día tras día, respondiendo a las preguntas más intrincadas sacadas del María Moliner o de otras fuentes y con la presión, etc. Algunos de los concursantes pasan por varios de estos programas y aparentemente lo toman como un trabajo. Lo otro que subyace detrás de esos abultados premios es por supuesto el ¡rating!. de lo que viven los programas de tv, en horario de las ocho de la noche (o de la tarde por esta época). Los costos de mantener un programa de estos deben ser ingentes: equipo de producción que incluye lingüistas, presentador al que le deben pagar una buena cantidad, conseguir invitados que vayan, empezar con un premio de cien mil euros e ir aumentando cada programa que no ganan en seis mil más. Hoy el premio va en más de un millón cien mil euros.
Cuando yo todavía vivía en casa de mis padres, hubo en la televisión (en blanco y negro) un programa que se llamaba Veinte mil pesos por sus respuestas similar aunque más de cultura general que de definiciones de diccionario. No sé cuánto valdría hoy ese premio. Recuerdo un tipo experto en colombofilia, que no es alguien a quien le gusten los colombianos o Colón sino experto en la cría y adiestramiento de palomas. Este personaje llevó algunos ejemplares al programa que se transmitía en vivo. Así lo hizo otro herpetólogo que llevó algunas serpientes y recuerdo al juez del programa Antonio Panesso Robledo muerto de susto él, con los animalitos cerca en el estudio.


Yo no podría asegurar si uno aprende algo o no en programas como estos. Ya se me olvidaron las definiciones de arriba por ejemplo. Sí sé que no aprendo (yo) nada en esos programas que tratan de imitar a American Ninja Warrior, cuyo premio es de un millón de dólares y la infraestructura que montan en cada ciudad es colosal. Por acá en Colombia hay un programa parecido, un reality con aparente éxito cuyo premio es de ochocientos millones de pesos (unos doscientos mil dólares). No lo veo. Las competencias, si bien pueden ser interesantes, están rodeadas de las conversaciones que tienen los participantes en sus propios ambientes y ¡qué horror!, prefiero no oírlas. Ahh, tampoco veo los Master chef porque me molesta la actitud de los chefs jurados: tipos detestables esos.

Emprendedores de todo tipo

Ojalá los ladrones y corruptos del mundo se empeñaran mejor en hacer las cosas bien. Pero como decía un amigo: «No las hacen bien si pueden hacerlas mal». Lo tienen en el ADN. Ahora bien uno debe aceptar que las películas más divertidas son aquellas en las cuales se planea una estafa (por ejemplo en El golpe, The sting en inglés, dirigida por George Roy Hill, o en las dos versiones de Ocean´s eleven): todo el tiempo de la ejecución, conseguir socios participantes, la planeación del delito, etc, todo eso es fascinante. En una estafan a un pícaro y en la otra lo roban, esa es la justificación.

De estos «emprendedores» ilegales uno tiene historias que suenan a las que se contaban en el realismo mágico. Mi pueblo natal es una pequeña ciudad de unos cincuenta mil habitantes capital de la Nueva Granada en la guerra de independencia contra España, enclavada en la cordillera oriental de los Andes a dos mil quinientos metros sobre el nivel del mar (m.s.n.) y hace frío. Se llama Pamplona y fue fundada por un navarro: Pedro de Ursúa. Una amiga nacida en Pamplona (Navarra, España) me decía que los gentilicios eran diferentes, en España pamplonicas y en Colombia Pamploneses. Pero me estoy desviando.

Contaba mi papá que durante la feria de San Fermín de los pamploneses el alcalde de la época decidió que debía imitar el chupinazo de los españoles y enviar a través de unas talanqueras improvisadas en las calles a los seis toros desde el parque principal hasta la plaza de toros (situada a unos ochocientos metros: véase imagen del trayecto en Google Earth arriba) en una travesía de diez minutos a lo más. El espectáculo prometía ser un émulo de lo que hacían los pamplonicas, atraería a los turistas venezolanos y complementaría lo de la Semana Santa en esta ciudad. Todo estuvo en orden: el público a los lados de las talanqueras, los organizadores, los toreros, la policía, el alcalde y hasta el Arzobispo de Nueva Pamplona en sus posiciones. Cuando los toros arribaron a la plaza: ¡Oh sorpresa! llegaron solamente cinco ¡uno se perdió en los ochocientos metros de trayecto! a la vista de todo el mundo. Yo me imagino toda la planeación del hecho: saber el tiempo de la carrera, velocidad de los toros, cuáles sitios serían vulnerables para quitar los maderos improvisados en las calles, tener el camión para subir al toro y sacarlo de la ciudad…

Otro episodio con connotación de tragicomedia ocurre en la carretera llena de curvas que lleva de Bucaramanga a Pamplona. Uno sale desde Bucaramanga situada a menos de mil m.s.m. sube hasta el páramo de El Picacho a unos 3.300 m.s.m. y luego de un montón de curvas baja a Pamplona. A unos kilómetros de mi ciudad hubo el accidente de un autobús de pasajeros que se precipitó a un abismo y quedaron varios heridos. El autobús quedó a trescientos metros de la carretera principal y lejos de las carreteras secundarias. Un par de días más tarde llegan los «emprendedores», desarman el aparato que se encuentra en riesgo de colapso, le extraen el eje trasero con la transmisión (unos dos mil quinientos kilogramos) y se la llevan. ¡Qué planeación tan exquisita! en un risco sacar una pieza de ese tamaño y de ese peso, requiere timing, grúas, gente, malacates, cómo lo elevaron hasta el camión que lo llevó, comprador, etc, todo esto tal vez de noche: ¡admirables!

Esas labores sofisticadas requieren ahora gerentes de proyecto certificados PMI para realizar en el tiempo adecuado todas las labores, subject matter experts y mucha gente más. Si los participantes de todo esto hubieran optado por la parte honesta, ¿tendríamos unos emprendedores? ¿Hubiéramos perdido parte de nuestro sentido del humor? No sé nada.

¿Cómo ha permeado el emprendimiento en las nuevas generaciones? Los mitos urbanos que dicen que Facebook nació y de un día para otro los creadores se volvieron hipermillonarios, ¿Quién lo cree?. ¿Y el emprendimiento de los Youtubers o los DJs o los reggaetoners?. Alguien me dijo que hacer estos trabajos era fácil. Eso es como decir que es fácil ser un futbolista famoso y rico como Cristiano Ronaldo o como el Tino Asprilla quien además de ser un excelente jugador estaba dotado de una anatomía que cuando la publicaron en una foto la mayoría de nosotros dijimos: «Naa, ¡eso es photoshop
https://www.elcincocero.com/noticias/detalle/35-seleccion/3903-la-foto-que-volvio-un-simbolo-sexual-al-tino-asprilla (Tomado de elcincocero.com)

Buen día

Gente que hace falta

Lo de haber tenido una vida más o menos larga hace que en el devenir hayamos encontrado personas con quienes hicimos amistad y a quienes si no están recordamos con mucho cariño, sin perjuicio de los que sigamos tropezando en adelante. Yo no sé si le haré falta a alguien cuando no esté (y no importa mucho la verdad), aparte de los vinculados con uno de manera familiar y/o indisoluble que sienten que uno debe hacerles falta (creo que sería bueno hacer una investigación mundial para ver si realmente les hace). Claro que están los bancos: a esos si les puede hacer falta uno porque normalmente se tiene un seguro sobre los préstamos y si uno no está, el seguro (o sea ellos mismos) paga la deuda…


Ahora en la edad bien adulta ¿para qué le haría uno falta a otra persona? ¿Para vivir cerca y cuidarse sus achaques? ¿Para conversar sobre la vida, el amor, la política, las artes? ¿Para recordar otras épocas como la universidad o el pueblo natal? ¿Para cultivar hobbies o gustos comunes? O simplemente para hablar de cualquier cosa, no importa el tema, no importa la hora o la trascendencia del asunto. Intercambiar opiniones sin temor a ofender o a tocar cuestiones innominables. Ahh… pero por supuesto esto incluye a cada pareja.


A eso me refiero: en este momento pues me hacen falta las personas con quienes no tengo ninguna prevención para conversar o para escribirnos sobre lo que sea en cualquier modo, tiempo o lugar, como los adverbios. Afortunadamente quedan todavía varios de ell@s aunque otros ya se han ido. Y a veces parezco ingrato porque no llamo a hablarles: es que no quiero desgastar la amistad. Eso me recuerda que el otro día mi amiga Luz María me escribió sobre uno de los blogs para preguntarme si me podía hacer una corrección. Ella que ha vivido lejos muchos años, seguro no recordaba que nuestra amistad aguanta todo y que no tendría necesidad de hacer la pregunta pero está bien: hace parte de lo mismo.


Por otro lado, la amistad normal es bastante buena, inclusive con aquellas connotaciones como lo que decía un subalterno mío en la oficina: «Yo no vine acá a hacer amigos: sólo compañeros de trabajo», bastante estólido como dirían los del idioma. Bien sabido es que uno puede hacer buenos amigos en el trabajo, sobretodo cuando tienen un objetivo común como por ejemplo detestar al jefe. No voy a hacer alguna apología a la amistad ni mucho menos, eso no es mi estilo. Yo voy más a lo particular: me siguen haciendo falta las llamadas de mi amigo Juan a las seis de la mañana para hablar sobre lo que a él se le había ocurrido a las tres de la madrugada o sobre lo que había leído en los periódicos que le llegaban o que leía en el computador cuatro horas antes que yo y que podíamos argumentar horas sobre lo mismo.

O las conversaciones de índole profesional con Hurtado quien podía discutir con uno sobre temas complejos de tecnología o de organizaciones sin alterarse jamás ni alzar su vozarrón de bajo.


O de mi amigo Luis, argentino él, quien ahora vive demasiado ocupado para hablar mal de los políticos y del futuro de la ingeniería, etc y con quien terminaba yo diciendo: «nosotros los peronistas pensamos así» sin tener ni idea de lo que estaba diciendo, con lo cual él se quedaba mudo.


En fin, este escrito va para todos los que he considerado que son interesantes para conversar o escribir en todo tiempo, modo o lugar y que saben que mis controversias estarán por debajo de la amistad. Y para mis amigos Juan y Fernando, ambos q.e.p.d.

A todos aquellos, una orquídea especial. Tiene tres centímetros de lado.

Homenaje a los cafeteros

El otro día leí que el café más costoso del mundo es uno cuyos granos se come un animalito feo, porque las imágenes del tío Google muestran un bicho similar en apariencia al fara o chucha o zarigüeya. En fin, la civeta (así se llama el feo)  se come los granos maduros y los excreta (o caga como dirían los españoles). Estos excrementos contienen los granos no digeridos y de ahí en adelante no quiero imaginarme el proceso. La libra de café cagado ronda los quinientos dólares y parece que quienes lo consumen sí conocen el origen…

Los colombianos tenemos uno de los mejores cafés del mundo, al menos eso nos enseñaron cuando estudiamos en primaria. Lo caracteriza su suavidad y el proceso aprendido en muchos años de cultivo y beneficio del mismo. La variedad más usada es la arábiga y la que llaman variedad Colombia resistente a la roya. Pues bien, ahora que vivimos en una pequeña parcela tenemos algunas plantas de café y decidí que como soy colombiano, entonces yo-si-sé de café y tomé un par de libras para fabricar mi propio café gourmet.

Una persona que nos ayuda con los quehaceres de la finca es quien hace la recolección y algunas otras cosas dentro del proceso. Me explico: la recolección no es tan fácil porque debe uno meterse en el cafetal (no es muy grande) y coger los granos maduros. A mí eso me da un poco de temor porque hay algunos animalitos venenosos dentro del sitio como gusanos grandes (de unos doce centímetros), peludos y verde brillante y algunas tarántulas. Como soy alérgico a una cantidad de sustancias, no me arriesgo a hacer esta parte del asunto. Además el hombre, Albeiro es un campesino albañil y hace oficios varios, con unas manos del doble del tamaño de las mías y callosas que no le penetran los aguijones de nadie, otro día les hago una reseña del personaje.

Recolectamos (hablo como el papa, en tercera persona) el café y le quitamos la pulpa (con una maquinita primitiva, pero eficiente) para dejarlo sin la cáscara (lo mismo que hace la civeta) y lo fermentamos un par de días según dijo Albeiro. Una vez hecho esto, hay que lavarlo y acá sí participé. Albeiro tuvo que salir porque le salió otro trabajo temporal y entonces me dijo: «Hay que lavar el café. Es muy fácil: toma puñados de granos en las manos y los restriega para quitarles una baba que tienen (mucílago) y los lava con agua limpia». Lo que a él le toma un par de horas, a mí dos días. Salieron dos cosas: nueve kilogramos de granos de café lavados y politendinitis (dijo el médico) en mis dos muñecas.

Dicen los de la Federación de cafeteros que este proceso de lavado y secado al sol de los granos (hay que estarlos moviendo de manera permanente) es lo que hace que el café colombiano sea de los mejores del mundo y uno de los más suaves. El secado toma como una semana dependiendo de la exposición al sol de los granos. Una vez los granos estuvieron secos, extraje un kilogramo para producir MI CAFÉ.

La cosa no es tan fácil, porque antes de tostarlo, hay que quitar la cáscara seca de los granos. Normalmente eso se hace en unos molinos que los hay inclusive manuales, pero yo no tengo (o como hacen en los sitios de compra de granos, los ponen en un pedazo de llanta de auto y los pisan hasta cuando la cáscara sale). Así que lo pasé por el ayudante de cocina (esas centrífugas con cuchillas que todo lo vuelven puré). Funciona más o menos. Hay que limpiar los granos y volver a pasar aquellos que tienen cáscara aún (unas cuatro veces). Es mejor que no se rompan, porque el tostado no sería uniforme y todo manualmente casi que grano por grano. Finalmente salen unos granitos gris oscuro tal como me dijeron los de la Federación que deben quedar luego del secado.

 Ahora sí: a tostar. Este es otro proceso en sartén o en horno porque no tengo tostadora (una pequeña no vale mucho, unos doscientos cincuenta dólares) y otra vez, es necesario estar frente al café revolviendo de manera constante hasta obtener unos granitos oscuros, no encontré en el tío Google qué tan oscuros dejarlos y entonces decidí comerme de vez en cuando uno de ellos hasta cuando el sabor me gustó unos cuarenta minutos después. ¡Perfecto!. Debe enfriarse y sacarle los restos de cascarilla que quedan, zarandeándolo y soplando simultáneamente para limpiarlo y enfriarlo. ¡Listo!.

Parecen granitos sacados de un comercial de café…

Leí en alguna parte que para intensificar el sabor uno puede molerlo hasta obtener un polvo fino y eso hice en mi molino Juan Valdés personal. Ahora sólo falta probarlo pero antes vuelvo al título de este post: Homenaje a los cafeteros. Ellos hacen un trabajo fantástico, recogen, despulpan, lavan, secan, quitan la cáscara, tuestan y muelen y hay que ver los sabores de aquellos como Sello Rojo, Juan Valdés, OMA, Amor Perfeito y muchos otros que luchan para proveernos de sabores gourmet de este maravilloso grano. ¡Sigan así!. El café mío, con todo el tiempo, el trabajo, la dedicación y el amor con el que se produjo… ¡quedó horrible!. Lo pasé por cafetera Kitchen Aid, cafetera italiana, cafetera francesa, dupliqué y tripliqué las cantidades de café vs agua, etc y nunca mejoró: sabía espantoso. Eso sí, con un aroma absolutamente delicioso casi que a café de los buenos. Seguiré intentándolo y el que produje servirá de ambientador. Tengo otros diez kilogramos secando (las lluvias de estos meses no ayudan) y revisaré todos mis procesos para ver si saco algo mejor que el menjurje que produje esta vez. Si sale bueno, les cuento.

Ciencia Ficción

La foto del comienzo es la representación real de un hoyo negro…

De vez en cuando reviso mi biblioteca y mientras limpio los libros los reorganizo a veces por género, a veces por autor, a veces por lugar geográfico. Nunca lo hago por colores como los que aparecen en los apartamentos modelo o en los sitios de aquellos que digo yo, no se los han leído. Pero en fin, tengo una buena cantidad de ejemplares de ciencia ficción porque me gusta y claro preguntarán, ¿se los leyó? Naa, no todos. Pero eso sí algunos los he leído un par de veces. Muchos de esos libros fueron regalados por mi amigo Nano quien los leía y me los pasaba para que yo lo hiciera sin compromiso de devolverlos. Acá están todavía.

Dentro de las publicaciones tengo unos seis ejemplares de la revista Nueva Dimensión. Unos catalanes (creo) la editaron como hasta el año 1983. Llegaba a Colombia tarde y uno las conseguía usadas en librerías de segunda en algunos sitios de Bogotá. Publicaban de todo en ciencia ficción y buenos relatos. Un formato mediano, con dibujos muy bien hechos y a veces un cómic en blanco y negro dentro de la misma revista. No tengo idea porqué se acabó la publicación y la recuerdo con nostalgia.

No he vuelto a interesarme por la ciencia ficción pero espero sinceramente que hayan sacado mejores cuentos e historias que las de Marvel. En aquella época aparecieron unos relatos de un escritor ya famoso en el medio, sobretodo por algún enfrentamiento jovial con el gran Isaac Asimov: Harlan Ellison.

El primero de los relatos además me venía muy bien con mi carrera universitaria de ingeniería de sistemas y se llama «No tengo boca y debo gritar», sobre una época posapocalíptica en la cual quedan pocos humanos y un gran computador que controla todo. Otro relato del mismo autor, inspiró algo del personaje de Terminator y se llama «Soldado», sobre un guerrero que aparece en New York, creo, con armas que superan a cualquiera de las conocidas en ese momento y viene del futuro. A todas estas no he logrado situar los tiempos de las dos cosas o investigar sobre el asunto, pero me parece que el relato también se relaciona (especulo, pienso) con «La canción del elegido» de Silvio Rodríguez:

«Supo la historia de un golpe

Sintió en su cabeza cristales molidos y comprendió que la guerra

Era la paz del futuro

Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida

La última vez lo vi irse entre el humo y metralla

Contento y desnudo

Iba matando canallas con su cañón de futuro»

Otro relato conocido de Ellison es «Arrepiéntete Arlequín, dijo el señor Tictac», que por lo menos tiene un título espectacular. Todos estos cuentos de ciencia ficción vale la pena leerlos. No son fáciles de buscar (sobretodo gratis en internet), pero si lo logran vale la pena su lectura, son maravillosos  todos.

Y continuando con mi carrera universitaria, la cual decidí sin mucho pensar, en el final de los años sesenta salió la película «2001: una odisea del espacio». El 2001 pasó y algunas de las cosas que la película vaticinaba se cumplieron, aunque no la mayoría. Pero lo que siempre me ha fascinado de la película es la ambientación, los viajes, la nave y sobretodo el computador que tenía o tiene todo lo que uno de esos debe tener: Hal9000 personalidad definida, controlaba todo en la nave, entretenía a los dos tripulantes que estaban despiertos y tenía un ojo. Lo trataron de traicionar, desconectar y entonces HAL se rebeló. Casi cuarenta años después, salió «Yo, Robot», una adaptación bastante decente del libro del mismo título, con Will Smith y Bridget Moynahan. En las dos se muestran marcas comerciales: la segunda muestra autos Audi, la primera es un poco más abierta: el hotel que aparece en la Luna es Hilton, las naves interplanetarias son Pan American World Airways que se quebró en 1991 y ¿los computadores? pues IBM. Inclusive se decía que HAL era IBM corrido hacia atrás una letra… Alguien financió las películas.

  • Foto tomada de IBM. Ahh eso sí eran computadores…

Lo más bonito de las dos películas son los escritos (guión o libro) sobre las cuales están basadas. 2001 se basó en un guión de Arthur C. Clarke, un prodigio de la ciencia ficción: matemático y físico. La segunda, en un libro de Isaac Asimov, probablemente el autor de ciencia ficción más conocido del mundo: bioquímico. Yo estoy cargado en mi opinión, pero creo que por su formación es mejor escritor de ciencia ficción Clarke.

Humor es…

Daniel Samper Pizano, periodista colombiano, contó sobre Álvaro Bejarano otro periodista que en alguna ocasión llegó a casa tarde y allí lo esperaba la compañera sentimental quien sospechaba que Bejarano venía de donde una novia y le dijo:

-¡Álvaro, lo sé todo!

– Si es así -respondió Bejarano al instante-, dígame cuál es la capital de Zambia

Se necesita una claridad de pensamiento monumental y un humor desarrollado para poder responder de esta manera. Pero no es el único del que he sabido con esa forma de pensar. Ejemplo de humorista por antonomasia es Groucho Marx, quien aparte de las películas acuñó frases célebres como aquella que él nunca sería miembro de un club que lo admitiera como socio. Hizo un programa de entrevistas y acá me puede fallar la memoria, pero recuerdo de haberlo visto en diferido (no soy tan viejo): Groucho entrevista a una mujer a la que le pregunta que cómo era que había tenido 20 hijos. Cuando ella contesta: «Quiero mucho a mi marido», Groucho replicó: «Señora, a mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca». El programa era nacional y transmitido en vivo y creo que fue cancelado después de muy pocos episodios. Vale la pena buscarlos.

A medida que pasa el tiempo, en las familias suceden dos cosas. La primera es que como dicen en las fuerzas militares uno pasa a primera línea, esto sucede cuando todos los tíos por ambas partes mueren y entonces la parca empieza con la siguiente generación. La segunda es que uno se reencuentra con primos que antes consideraba muy viejos para ser sus amigos pero esto es falso: después de cierta edad todos somos coetáneos y entonces las conversaciones son más divertidas y se descubren aficiones similares y anécdotas de la casa común.

Hace años cerca a mi ciudad natal, me encontré con un primo Óscar, hijo de un hermano de mi papá. Le pregunté por el padre de él y respondió: «Está bien. Ahora que se separó vive con una mujer que está más fea que mi mamá» y no puede uno dejar de reir a carcajadas hasta el llanto. Lo de Óscar viene del papá (el de la fea) quien tenía un sentido del humor brillante y tenebroso: la bisabuela de casi cien años murió en una silla de ruedas y cuando la pusieron en el cajón, pues la tapa no cerraba. Puedo hablar de esto porque los protagonistas están más allá. Un tío que llegó ahí, la «estiró» sobre el cajón en el mismo momento que el otro llegaba y este le gritó: «¡La mató! ¡la viejita estaba tratando de levantarse!», qué trauma tan espantoso y sobretodo en el funeral qué risas con el episodio.

Ahora bien, estoy seguro que en todas las casas hay estos tíos y mi esperanza es que el humor se herede o se pase culturalmente o lo que sea. Al menos quiero pensar que en mi familia es así. Hay otro primo hermano más hermano que primo: Jorge, cuyo humor es devastador. Un día se cayó por la calle porque iba usando anteojos nuevos o distraído con el celular o lo que fuera. Se partió los dos dedos pulgares de las manos y yo lo llamé muy preocupado porque eso lo deja a uno absolutamente incapacitado. Me dijo, no te preocupes, ya puse un aviso clasificado en el periódico para que alguien venga todos los días a las siete de la mañana a limpiarme el trasero ¡pago bien!. No le he preguntado si alguien respondió al aviso.

No sé si los que tienen esta característica repentista sean más felices que los otros, no me importa, pero lo que sí afirmo es que somos afortunados los que hemos podido disfrutar de este humor negro y delicioso. Finalmente quiero poner a consideración una distinción entre bromistas y humoristas con la cual coincido: los segundos fueron aquellos cuyas anécdotas relato, a los otros Groucho Marx los definió usando una escena ficticia, donde una anciana en una silla de ruedas rueda por una escalera como la del Acorazado Potemkin o un precipicio, dice Groucho que el bromista pone un maniquí en la silla de ruedas el humorista una vieja real…

¿Palabrotas o Insultos?

Un profesor de mi colegio en una conferencia sobre malas palabras empezaba: «En algunas partes decimos coma mierda y no me olvide»… y cada idioma, país, región tienen su propia colección de estas expresiones.
Es indispensable defender la existencia de las palabras soeces en todos los idiomas. Estas permiten expresarnos de una manera más explícita en muchas circunstancias así sea para quitarle lo plano a los idiomas. Hay que ver el placer que produce maldecir con malas palabras. Pero no solamente eso, hace unos años The New York Times publicó una nota sobre el beneficio de decir groserías. Hablaba de estudios serios acerca de por ejemplo poder soportar más dolor mientras se pronuncian ¿qué tal?. Además menciona que la creencia popular que quienes dicen groserías es porque tienen pobreza de vocabulario es un mito.

Este hecho lo ha probado mi amigo Alfonso a quien alguna vez en un cliente le dijeron que no le prohibían decir malas palabras sino que bajara el volumen con el que las profería y por supuesto el hombre sí que tiene el don de la oratoria. Cuando le dice a uno: «¿Tiene cinco minutos?», pues alístese para unos treinta. Dice el artículo que además aquellos que sueltan palabrotas (en cualquier idioma funciona) son percibidos por los demás como más honestos así que hay que hacerlo pero con naturalidad, gusto y clase.

Uno de los personajes que más me gustan de los que he leído es el capitán Haddock de las Aventuras de Tintín (Hergé). Sus insultos es posible que hayan sido censurados por el propio autor para no escribir malas palabras y son descomunales: ¡Canallas!, ¡Emplastos!, ¡Chuc-Chuc!, ¡Ganapanes!, ¡Ectoplasmas!, ¡Bachibazucs!, ¡Pacta con todos!, ¡Doríforos!… el personaje es extraordinario y también lo son sus insultos.


En España, algunos de los insultos o dichos «malsonantes» son más bien blasfemias en el sentido literal, ellos dicen: «Me cago en dios» o «Me cago en la puta ostia» (sin h o con h). Pero hay que ver cómo les suenan de bien a ellos mientras que nosotros los latinos no somos capaces de decir con gracia ese tipo de expresiones, decimos otras como: «¡Hijueputa!»…


Ahora, las malas palabras son para que queden entre dos o de uno hacia algunos. Hay una catarsis al decirlas, muchas veces ni siquiera están destinadas al insulto ni a armar pendencias. Hay otros insultos más complicados de construir y gente con capacidad para hacerlo unas veces con cariño y otras insidiosamente.

Anna Pacheco, periodista y escritora española publicó en twitter una vaciada (insultada) como decimos en Colombia de lo más elegante de Carmen Martín Gaite (Escritora, premio Príncipe de Asturias) a Juan Benet (otro escritor):
«En mis deseos de felicidad para este año va implícito otro: el de tu urgente reforma. Pues si tardas mucho tiempo en tomar conciencia del resbaladero por el cual vertiginosamente te deslizas, pronto caerás sin remedio en el tremedal ingente y pavoroso que la insidiosa vanidad (ofuscando tu antigua capacidad de discernimiento bajo el carisma engañoso y fascinante de tu apariencia social) tiene abierto a tus pies para sepultarte»

¡Carajo! yo quisiera tener una amiga que me insulte así.


Otra que recuerdo es lo que dijo Malcom Deas, historiador y escritor inglés especializado en estudios sobre Colombia (¡ay!) sobre un escritor y político colombiano que por las muchas vueltas de la vida terminó como representante del gobierno de Ecuador ante la Santa Sede y al papa Leon XIII le dijo «No doblo la rodilla ante ningún mortal» cuando le dijeron que debía arrodillarse ante él. En fin, Deas dice: “Fue un buen escritor malo. Sin duda, es impresionante su influencia política y social durante su período, pero es fácilmente descartable hoy e incluso entonces. Su mejor influencia fue tal vez ese talento para la oratoria -o mejor, para el insulto- que después heredaron con sus mismas características Laureano Gómez y Jorge Eliécer Gaitán. De resto, es mucho lo que sobra en su extensa obra. Gran parte de ella es ilegible. Es más, reto a cualquiera a que sea capaz de leerlo por más de 30 minutos”. (Del Poder y la Gramática).

Y del premio nobel Gabo cuyos libros sí he leído y definitivamente Cien años de soledad sigue siendo el mejor, escribe en el final y con la desesperación y la liberación del protagonista de El coronel no tiene quién le escriba:
«Y mientras tanto qué comemos, preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía.
-Dime, qué comemos.
El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
-Mierda.»

¡Qué claridad de pensamiento!

Zoom por atrás

Lo de la pandemia volvió populares algunas herramientas que ya estaban en el mercado como FaceTime, Skype o Zoom. La imposibilidad del contacto cercano generó algo bueno para las herramientas y es que las compañías dueñas tuvieron que mejorarlas en cuanto a desempeño, facilidad y precio. Y eso funcionó.
Los que no estaban preparados eran la mayoría de los usuarios que al principio les costaba mucho esfuerzo utilizarlas y sobretodo darse cuenta que eran vistos por otras personas. Los curas y pastores, por ejemplo, tuvieron que adaptarse a la no presencialidad y entonces hicieron sus ritos desde altares improvisados en sus casas para cuando hubo funerales o no sé qué más. Las misas católicas virtuales se volvieron comunes y al final los que presenciaban el ritual, entendieron que debían poner en silencio su propio micrófono, porque se oía lo que pasaba en esa casa particular o interrumpían la celebración. Recuerdo una a la que asistí y alguien discutía el menú del almuerzo en directo frente a todos.

Las sesiones de los recintos gubernamentales como el senado o la cámara se volvieron normales a través de zoom. Los funcionarios para demostrar su patriotismo y compromiso aparecen con varias banderas de fondo: la del país, la de la ciudad o la foto de gran formato de su jefe de turno, etc. No obstante para exponer su lado de humanos sensibles ponen fotos de la familia o algún objeto de arte propio. Mucha gente, al menos al principio no estaba consciente de que había una cámara encendida frente a ellos y por ello apareció por ejemplo la senadora esa en algún país latinoamericano desnuda ante el público, no tengo idea cuántos likes le dieron. O el gobernador de un departamento colombiano quien en medio de la sesión de zoom se acostó en la cama y empezó a exhibir y a rascar su prominente (y muestra de prosperidad) estómago… Inclusive ahora hay videos en Youtube que muestran las embarradas de la gente por zoom.

Las empresas debieron también adaptarse y hacer sus reuniones de la misma forma. Luego de un tiempo se volvieron más normales y ahora lo que se trata de mostrar es la cultura o la afición a la lectura de los intervinientes en una reunión. Por ejemplo, un presentador de televisión que hace entrevistas aparece con su biblioteca detrás donde exhibe libros antiguos, objetos de arte costosos y unos dibujos de sus nietos debidamente enmarcados…De otra forma no posaría de intelectual. Otro que ví hace unos días exhibía su biblioteca con muchos libros de lomo amarillo que se me antojaron debían ser todos de la editorial Anagrama, curioso ¿sería una forma de marketing digital? Otro personaje mostraba algún sitio de su vivienda, cortinas y unas puertas blancas al fondo para significar que no quiere distracciones cuando está en zoom.

Cada uno quiere mostrarse respetable a través de esa cámara que transmite su imagen y su lugar propios a través de internet y ahora las herramientas permiten que uno ponga un fondo propio para darle más seriedad o privacidad a la conversación, por lo que ya no sabe si todas esas bibliotecas que ponen de fondo en las conversaciones son reales o si esos libros han sido leídos por quien los ha puesto de fondo o como un senador, que apareció con una imagen en medio de la selva y no supe si dijo que estaba trabajando con las comunidades indígenas.

Cuando yo hablo por zoom detrás mío hay una pared, un cuadro, un armario y una puerta y a veces sale la mesa de planchar. Al lado, pero no la muestro, está mi biblioteca, de la cual he leído casi todos los libros que están allí.


Y a veces cuando quiero impresionar, muestro la de los libros bonitos que también he leído.

Derecho al olvido

A mí me acostumbraron a que olvidar las cosas no es bueno y fíjense que después de cierta edad el miedo a olvidar se hace patente porque los demás se lo recuerdan como el Alzheimer incipiente que parece padecer o que constantemente lo acecha a uno. Sin embargo, al contrario hay muchas investigaciones que dicen que olvidar permite nuevas formas de entender la resolución de problemas y que la creación de neuronas pues trae una porción de olvido, por ejemplo. Así que no puede ser tan malo.

El derecho al olvido pasa primero obvio por olvidarse de las cosas: ¿cuáles? las que uno quiera, ¿difícil de hacer? Sí. No es fácil olvidar episodios si uno cree que le afectaron la vida y pensar si el hecho puede ser o no susceptible de algún tipo de perdón. Yo creo que uno podría ser más feliz si no recordara aquellos hechos de la vida que le trajeron tristezas, frustraciones o enseñanzas que no valieron la pena y el olvido sería como dice Borges «…la única venganza y el único perdón».

No entiendo a aquellos que dicen que no olvidan nada, cómo serán sus sueños y su vida en permanente alerta. Son esas personas que funcionan como los servidores de «big data» que no olvidan absolutamente nada ni siquiera cuando se les va la energía, si eso es algo que pueda ocurrir en las granjas de servidores de Amazon o Meta. Por cierto en mi época de vendedor de computadores me encantaba aconsejar a los clientes que guardaran la mayor cantidad de información posible en sus sistemas y así tendrían toda la historia a su disposición porque sabía que si seguían creciendo y creciendo me comprarían más equipos, no sólo de almacenamiento sino de poder de cómputo.

¿Tenemos derecho a olvidar? ¡por supuesto! y no de una manera ficticia sino que debe hacerse el propósito de no recordar, así se lo recuerden otros. Y lo contrario pues también es absolutamente cierto como por ejemplo, recuerdo con mucho cariño a mi profesor de un par de materias de la universidad, que vale la pena mencionar porque son de esas que uno se sentía más inteligente que los demás estudiantes de otras carreras cuando las nombraba: «Sistemas lineales» y «Procesos estocásticos». Sobra decir que no recuerdo nada o no quiero recordar nada del contenido de esas dos materias, aunque me fué bien gracias al profesor Jacobo Goldstein (q.e.p.d). Mi primer encuentro con Jacobo fue espectacular y me dió una lección de humildad riquísima: teníamos en la de sistemas lineales otro profesor que no me gustaba y me llegó el rumor que lo cambiarían. En la siguiente clase llegué al salón, me senté con unos compañeros y les dije: «Oigan, parece que nos cambiaron el profesor y ahora es un tipo Goldstein, ¿quién será ese hp?». Inmediatamente alguien en el asiento detrás mío dijo con una sonrisa irónica «Yo soy ese hp». Así que tuve que estudiar mucho, pero el hombre que fue sin duda el mejor profesor que he tenido no era ni mucho menos rencoroso (a lo mejor tenía una buena capacidad de olvido) aunque de vez en cuando me molestaba con el episodio como si fuéramos cómplices.

Por último, el otro día leí que una persona que cometió un delito y pagó su sentencia de cárcel solicitó por medio de una Acción de Tutela (mecanismo en Colombia muy expedito para reclamar de los Jueces la protección inmediata de sus Derechos Constitucionales Fundamentales) que con el fin de facilitar su resocialización, se debía borrar todo el historial de él en redes sociales y motores de búsqueda. Y traigo a colación lo que está avanzando en todo esto de la gran cantidad de información que se guarda en los servidores de las redes: El Derecho al Olvido: «Se podrá revocar el consentimiento prestado para el tratamiento de datos personales en cualquier momento, pudiendo exigir la supresión y eliminación de los datos en redes sociales o buscadores de internet». No tengo idea si pudieron cumplir el mandato del juez en Colombia, porque eso de borrarlo a uno del internet debe ser muy complicado y porque los dueños de las compañías de redes sociales pueden ser más poderosos que muchos países.

Mi papá sufrió de Alzheimer, por lo cual dicen los médicos que yo tengo una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad. Los últimos años no lo ví mucho, pero mi hermano lo cuidó hasta que murió. Recuerdo que mi papá en su enfermedad fué olvidando y se fué desvaneciendo hasta que se desapareció y perdió ese derecho a olvidar sólo lo que uno quiere. Pero también recuerdo su inteligencia, su sentido del humor y su gusto por la música y el fútbol. Él guardaba una botella de buen whisky en su armario bajo llave y cuando yo regresaba de la universidad a vacaciones a la casa de mis padres, antes de la cena me daba un trago en copa de shot y me decía: «rápido, tómeselo porque necesito la copa», después de comida nos íbamos a jugar billar.

¿Homenaje a las mamás?


Ahora que se aproxima el día de las madres, con todo lo comercial y todo lo afectivo que significa, decidí llamar la atención sobre los homenajes inmerecidos, en el sentido literal de la palabra que les han hecho a las madres.

Yo recuerdo a mi madre como una mujer de un pragmatismo brutal. En los años cincuenta en Colombia era la llamada época de la «Violencia» (con mayúscula) de los partidos políticos, mi padre quien era liberal iba y venía de su trabajo acompañado por mi madre que lo traía para el almuerzo y para regresar a la casa. Decían los tíos (ella no lo desmentía) que como mamá era del partido de gobierno, ella siempre podía llevar un revólver en la cartera por si acaso para cuidar a mi papá y creo que por eso yo estoy vivo. Ese talante se manifestó en nuestra crianza por lo cual cada uno debía ser responsable de sus actos, siempre con un cariño y con una lealtad que a uno mentir en el colegio le producía un efecto negativo porque ella, independientemente de lo que se dijera estaba con uno de manera incondicional. Si uno mentía, era ella la que lo hacía… Otro día hablaré de las anécdotas de mi madre.

Ahora bien, a las madres les han compuesto una gran cantidad de canciones y de poemas digo acá que muchos (¿la mayoría?) son horrorosos, tristes y nostálgicos que casi le hacen desear a uno no haberla tenido. Parece como si los poetas sólo las recordaran cuando ellas mueren. En muchos escritos la retratan como un ideal que no es, porque si algo tienen las madres es aquello de ponerlo a uno con los pies en la tierra con toda la dulzura de que son capaces.

Muchos autores gastaron energía escribiendo poemas y canciones a las madres cuando hubieran podido dedicarla a la escritura de poemas como los de Wisława Szymborska, muy actual a propósito de la invasión a Ucrania:


«Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.»


El imaginario colectivo acepta los poemas de madres no sé si por ese sentimiento que dice que uno debió hacer más para consentir a sus padres o algo así. Lo cierto es que uno busca en Google «poemas madre» y salen más de veintiseis millones de entradas, así que si es posible hacerlos y publicarlos a lo mejor uno se llene de «likes».


Muchos de los poemas agradecen el sufrimiento y el sacrificio por el hijo pero nadie o muy pocos se ofrecen cuidarla en su vejez, será por lo difícil que es cuidar de un viejo. Quieren que siga ahí viva, que no envejezca ni muera para que los apoye: están para sufrir. Por otro lado las demás mujeres no saben amar como la madre y las madres son como una tía abuela de mi hijo que decía: «Yo soy una suegra ideal, odio a mis yernos y mis yernos me odian a mí». Lo que no se sabe es si esas mujeres a las que se estigmatizan en las canciones al convertirse en madres mejoran o no.


Pero veamos algunas de las canciones o poemas que sugiere Google al buscar:
De Flor Pucarina, la Faraona del cantar huanca:
Madre querida
«Que muchos Años
siempre me acompañes
para tenerte por tu sacrificio»
Que se siga sacrificando para que el o la hija estén bien. De Carmen Alicia Lara, venezolana:
Cabellos Blancos
«Sus ojos tristes
Ay me miraban
Cuando partía del dulce hogar
Barrio querido
Barrio del alma
Cuida a mi madre, que volveré»
Ni idea si regresó, pero esperemos que alguien la cuidara. De Antonio Machín, cubano:
Madrecita
«Aunque amores yo tenga en la vida
Que me llenen de felicidad
Como el tuyo jamás, madre mía
Como el tuyo no habré de encontrar»
No sabemos si el autor o Antonio tenían el complejo de Edipo. De Leo Dan, argentino, mejor realizador de cine que cantante y compositor:
A la sombra de mi madre
«Yo le pido a dios rezando
Que mi mamá no se muera
Que viva dentro mi rancho
Como estampita si quiera»
«No comments» y por último del Johnny Albino y su trío San Juan:
Cariño verdad
«Anda y vete de mi vera
Si te quieres comparar
Con aquella vieja santa
Que está ciega de llorar»
Volvemos a aquello del complejo de Edipo y ese desprecio por la mujer que nos dice que no es cariño verdad y yo digo que el de mi madre sí lo es y tendrá que esperar a tener hijos para que alguien la aprecie.


No debe haber un recuento de estos poemas y canciones sin mencionar que merece puesto aparte: «Pieza en forma de tango» de Les Luthiers, con una música impecable y una ironía perfecta, como todo lo de ellos:
«¿Porqué te fuiste mamá?
poca ropa me lavabas
¿Porqué te fuiste mamita?
Raras veces te pegaba

Si no me pasas más guita
me voy a vivir con papá»

A apreciar a sus madres y padres, sobretodo mientras viven.