«Hay días que somos tan móviles, tan móviles…»

Hace unos años yo ejercía de ejecutivo de alguna compañía y tenía, lo que me parecía muy bueno, que viajar a diferentes sitios a visitar los proyectos que estábamos desarrollando es esos momentos. Así que es cierto, era yo bastante móvil. Tuve entonces la suerte de conocer algunas ciudades, aunque eso es bastante presuncioso: cuando uno viaja por negocios, conoce ciertamente los aeropuertos, las salas VIP, las oficinas de los clientes, buenos restaurantes y de pronto alguna que otra cosa cultural. Pero no llega a conocer las ciudades: uno está demasiado ocupado trabajando.

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Volviendo al punto, estuve en Lisboa (Portugal) y lo que conocí de esta ciudad me pareció de las experiencias más enriquecedoras por lo que pude ver de su arquitectura, sus palacios (¡hay que ver nomás donde queda la sede de la embajada colombiana!), el puente Vasco da Gama sobre el río Tajo, su gente, su comida, sus vinos oporto y verde y su música, en fin.

Estando en una de estas visitas un día antes de regresar a Colombia y ya solo, me fui a un pequeño restaurante (¿saben que no recuerdo el nombre?) y pedí en mi portugués bastante básico un estofado de carne de cabra. Al primer bocado que tomé, no digo mentiras, se me salieron las lágrimas. ¡Cómo iba yo a saber que en un sitio a diez mil kilómetros encontrara un plato con el mismo sabor y el mismo aroma al que preparaba mi mamá, hacía muchísimos años! No les miento, me transporté a las imágenes de mi casa, con mi mamá en la cocina y todo el lugar oliendo a las especias y las verduras y a las hierbas con las que preparaba el estofado de carne de cabrito… ummmh. Alguna vez he tratado de hacerlo, con otro tipo de carne:

No es igual, aunque me queda bastante bien.

Y tuve el privilegio de oir fados. Ahh ¡qué música tan bella! Aunque la palabra es casi intraducible, uno sabe que oír fados interpretados en esas guitarras portuguesas, es experimentar saudade. Ay. Si alguna vez se sienten nostálgicos hay montones de fados en Youtube y en Spotify. Uno que recomiendo es el que interpretan una cantante portuguesa, Mariza y un cantaor flamenco Miguel Poveda, se llama «Meu fado meu» y sientan la saudade.

Empecé esta publicación con el primer verso de la «Canción de la vida profunda», del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, que no se llamaba así sino que este era su seudónimo para cuando ejercía el oficio de poeta. Y me pareció que aplica muy bien a lo que quise relatar: «Hay días que somos tan lúgubres, tan lúgubres…»

¡Cómo es de difícil hacer ejercicio!

Empiezo a sacar toda clase de excusas para no ejercitarme:

  • Ya casi termina este confinamiento o peor, el gobierno lo acaba de prolongar hasta agosto 31
  • Mañana sí hago o hace mucho calor o mucho frío
  • ¿Cómo estará hoy el índice de contagios?
  • Honestamente, tengo pereza

Y así sucesivamente sigo y sigo, hasta cuando la pereza verdaderamente me va empezando a vencer. Ahí es cuando digo que antes, cuando me ejercitaba terminaba dolorido de muchas partes, pero me sentía bien conmigo: más ágil, más despierto y hasta veía algunos tejidos adiposos que habían disminuido, comprobado en la báscula. Y de vuelta a las excusas, tengo una conferencia por zoom y de ella me quedan tareas, que probablemente deba hacer en lugar del ejercicio.

Alguien me comentó que es mejor hacer ejercicio al aire libre… si el clima lo permite. El calor es sofocante y uno se desgasta mucho, digo. Pero este está bien, a las seis de la mañana.

Además, mejor acompañado que solo. Y viene otra posible excusa: encontrar un compañero o compañera apropiado, que no me exija más de lo que puedo, pero que tampoco se me vaya a quedar atrás. Ahh y recuerdo que no tengo una máquina que me ayude a mejorar mi desempeño y el gobierno no ha autorizado abrir gimnasios.

Por fin inflo lo suficiente mi voluntad y disciplina y empiezo mi rutina:

  • Calentamiento por unos seis minutos
  • Sentadillas por otros seis y ¡cómo duelen!
  • Aaaguaaa
  • Vuelvo a empezar con ejercicios de brazo, con pesas de 1kg en cada brazo, hacer unos seis diferentes, cada uno veinte veces
  • Uufff… aguaaa
  • Ahora al piso, abominables abdominales, otros seis diferentes en el mat
  • Planchas, me reto a resistir en la plancha por unos 30 segundos cada vez… lo logro
  • Ya… pasamos unos treinta y cinco minutos y empiezo a estirar todos los músculos que usé: los de las piernas, los de los brazos, los de la espalda, los del cuello, por unos 10 minutos siento que voy a destrozar mis músculos…

Pasamos la prueba de hoy, vamos a tomar café, oscuro, cargado y sin azúcar. Mañana será otro día, pero lo que es hoy, me siento bien conmigo mismo.

Solamente me queda empezar a trabajar o… aparece una mariposa con el número 98 o el 89 o el 68 o el 86, ¿será que Baloto todavía está funcionando?, porque hay que comprarlo.

Mi mente de ingeniero calcula las posibilidades del baloto, aún usando el teorema de Bayes con la información creíble de las alas de la mariposa y ¡uy!, no vale la pena el viaje ni la compra.

¡Seguimos luchando, escogemos lo mejor de lo que tenemos: siempre!

Ají ese condimento maravilloso

Hay una gran cantidad de gente, más de la que uno piensa, que no tolera el ají y resulta que los vemos como bichos raros, que no son capaces de aguantar picante. Pero uno debe repensar el asunto y verlos como vemos a los intolerantes a la lactosa o al gluten. Hay otros que hacen alergia al ají y eso es de cuidado. Sin embargo, para aquellos que disfrutamos el picante, sabemos que este condimento realza el sabor de las comidas, la carne sabe mejor, ni qué hablar de una buena empanada con ¡ají casero!. Hay además una gran cantidad de beneficios en su consumo: 

https://www.larepublica.co/ocio/conozca-10-beneficios-que-tiene-incluir-el-aji-en-la-dieta-segun-especialistas-en-nutricion-2729763

No tengo idea cuántas variedades de chiles o ajíes tiene México, pero creo que va por los cientos. Guardadas las proporciones, es como Perú y la papa, miles. También en India, Indonesia, Tailandia y todos esos países orientales, la comida está condimentada con esta maravillosa fruta. Un curry rojo de pollo es uno de los platos más exquisitos que uno puede probar, cuando le gusta el ají.

Pero volviendo a los ajíes en Colombia tenemos unas cuantas variedades locales y algunas que hemos logrado importar de México principalmente, como los jalapeños. Algunos de los locales son bastante picantes, lo que me trae a la cabeza que alguien desocupado hace tiempos hizo una medición de qué tan picante es cada ají y se inventó la escala Scoville:

VariedadNivel de picante
Pimentón0
Jalapeño2.500 a 10.000
Serrano10.000 a 25.000
Rocoto30.000 a 60.000
Habanero80.000 a 150.000

Y sí, el habanero es uno de los más picantes, tiene un nivel que al menos yo no puedo soportar. La escala está bien en los números, un habanero puede ser unas diez a quince veces más picante que un jalapeño. El rocoto es el ají que usan los peruanos para sus espectaculares ceviches. Algo que aconsejan quienes cocinan con ají es que uno le puede quitar las semillas y las venas a cada pimiento y así el picante es mucho menor: cierto.

Las plantas son bien bonitas. Un arbusto que se mantiene verde. 

La primera foto es de plantas de jalapeños. Tienen los frutos unos colores bellísimos, verde profundo y rojo brillante cuando maduran. 

La siguiente foto es de ají pajarito o chile piquín, chiquito, pero bravo. Verde oscuro cuando salen y rojo-naranja cuando maduran.

Esta otra foto es de un chile indeterminado, no he podido saber el nombre. Tiene un color verde cuando joven y luego se torna amarillo mate y la característica es que es un chile retorcido. Su nivel de picante es como el serrano.

También se pueden hacer diferentes tratamientos de secado a algunos ajíes con el fin de aumentar su duración. Normalmente se secan al sol, como los tomates. En la foto se ven algunos jalapeños secos, guindilla seca y un chile ancho seco. Este último es una variedad que no he visto en los cultivos colombianos, es mexicano y sirve para hacer la salsa roja que uno ve en las taquerías. El naranja es muy fuerte.

Si reconoce que no es intolerante o alérgico a los ajíes y quiere empezar a adentrarse en este mundo, mi recomendación es empezar con los jalapeños. Tienen muy buen sabor y si al principio, le quita las semillas y venas, el picante es bastante soportable y hace que la comida sepa muy bien. A propósito, los chiles chipotles, son una preparación con especias y usa jalapeños.

Disfruten un buen plato de comida con chiles…

Observando con coraje lo que se nos viene por delante

Hace bastante tiempo no escribo. Lo he atribuido a la situación actual de la pandemia, pero no sé. Será ¿pereza, frustración?. Lo que sí sé, es que yo escribo normalmente para mí y entonces dejo a un lado todo y decido sentarme frente al computador a escribir lo que se me ocurra, lo que sienta.

La época está un poco más dura de lo que nos imaginábamos. Ya se ve que países que estuvieron con muchos problemas, como España, empezaron a abrir sus fronteras y su economía. Pienso que lo mejor que han podido hacer los españoles fue abrir las barras de los bares, así puede uno volver a comer tapas y tomar una copa de vino o una caña y como no puede tener a nadie a menos de dos metros: mirarse al espejo que hay detrás de la barra.

Pero por acá la cosa no mejora mucho. Ciudades como Medellín y Bogotá han empezado a abrir negocios, en la costa Caribe se ha demorado todo. Como consecuencia tuvimos que cerrar nuestro emprendimiento, habiendo hecho una inversión en dinero y tiempo grandes. Conservamos la esperanza de volver a abrir en un tiempo corto y ver cómo se nos dan las cosas, porque el futuro será recomenzar como cuando abrimos hace casi un año: promovernos en todas partes, conseguir clientes, adoptar las nuevas medidas de sanidad y prepararnos por si vuelve una segunda ola del virus.

Vienen tormentas… Las deberé afrontar con toda mi experiencia ganada en estos años de vivir y saldré como lo he hecho de muchas crisis económicas, sentimentales, administrativas, ahh… de todo lo que he vivido: a punta de coraje.

Hoy me debato entre la frustración, la tristeza, la rabia y cuando el calor en esta ciudad está más fuerte, cuando el encierro me vuelve un poco esquizofrénico, derivo buscando salidas hacia la poesía que guardo en mis archivos sobre algo atribuido a Walt Whitman:

Somos seres, humanos, llenos de pasión.
La vida es desierto y tambien es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en
protagonistas de nuestra propia historia…
Pero no dejes nunca de soñar,
porque sólo a través de sus sueños
puede ser libre el hombre.

Los Poetas y los poemas

Con esto del tema de moda: la pandemia, alguien recordó un poema de la polaca premio nobel de 1996, Wislawa Szymborska, sobre lo peor que uno le puede hacer a un gato y es morirse. Y dice en alguno de sus pedazos: Morir —eso, a un gato, no se le hace/ Porque, ¿qué puede hacer un gato en un piso vacío?/ Subirse por las paredes.

Y pienso, nosotros que tenemos dos gatas, ay quedarían desamparadas y tristes, ellas que oyen a la distancia los pasos cuando alguno de los dos llegamos al edificio y nos sienten desde la entrada, a lo lejos, ya no serán los mismos, no los reconocerán. ¡Ahh qué cosa!

Me puse a buscar poemas para leer y recomendar. Que no es una tarea fácil, menos en esta época que mucha gente ya no está preparada para leer más de doscientos ochenta caracteres. Y es que los poetas logran decir con mejores palabras las cosas que uno hubiera querido decir si hubiera tenido el talento y la paciencia. Vean un ejemplo, la misma poeta Szymborska: Cuando pronuncio la palabra Futuro,/ la primera sílaba pertenece ya al pasado./ Cuando pronuncio la palabra Silencio,/ lo destruyo./ Cuando pronuncio la palabra Nada,/ … creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Los poetas hay que buscarlos por temas, no para aprenderse los poemas, sino para ver lo que se puede decir sobre la vida, la muerte, la condición humana, los seres, el amor, quién ha podido retratar mejor el vacío emocional o la desesperanza que León De Greiff: Juego mi vida, cambio mi vida,/ de todos modos/ la llevo perdida… 

O alguien por la vida como el argentino Carlos Alberto Boaglio, en algunos de sus versos:  A pesar de mis fracasos,/ mis pecados, mis caídas/… A pesar de que me trague mis verdades, mis mentiras./ A pesar de mis defectos, de mi cólera, de mi ira,/ A pesar de todo eso…/ Sigo apostando a la vida.   

No puede faltar en una búsqueda rápida y al azar, el poeta latinoamericano por excelencia, Neruda. Miren que este chileno le tiene poemas a la cocina, a la alcachofa, una oda al congrio y son muy divertidos. El poema XXI (más conocido es el XX, sobre el amor), sobre la muerte: Tengo lista mi muerte, como un traje/ que me espera, del color que amo,/ de la extensión que busqué inútilmente,/ de la profundidad que necesito.

Para terminar de contarles lo que he estado leyendo, del poeta cartagenero Raúl Gómez Jattin, un poco loco y drogadicto que murió en la indigencia, pero no obstante nos dejó poemas absolutamente bellos, cargados de realidad como este: Prometo no amarte eternamente,/ ni serte fiel hasta la muerte,/ ni caminar tomados de la mano,/ ni colmarte de rosas,/ ni besarte apasionadamente siempre/

Seguiré ¡apostando a la vida!

¿Y qué del día después?

Hay una gran cantidad de pensadores que están tratando de adivinar cómo será la sociedad después del COVID-19, nadie pone la mano en el fuego por sus propias elucubraciones, pero eso sí, todos coinciden en que será la oportunidad para construir una nueva humanidad y un nuevo modelo económico. ¿Cuándo? en treinta o cuarenta años y si fallan, pues no pasa nada. Lo muy cierto de esta pandemia es que al menos ha puesto a muchos a pensar en el planeta. 

Dice el sociólogo y activista Jeremy Rifkin, que la economía basada en combustible fósil se acaba, pero que antes de que eso ocurra, afortunadamente los jóvenes han empezado una revolución planetaria, que lo que está pidiendo es la protección de la misma humanidad, porque se perciben en peligro y además reconocen necesario proteger a todas las otras especies. Y esto es muy positivo.

Y es que lo del cambio climático uno como que no lo termina de entender. Rifkin pone un hecho: «por cada grado de temperatura que aumenta por los gases de efecto invernadero, la atmósfera absorbe un siete por ciento más de precipitaciones (agua) que por el mismo calor, caen más rápidamente, provocando nevadas en invierno, inundaciones en primavera, sequías e incendios en verano y huracanes en otoño» 

¿Y eso cómo nos afectará en Cartagena de Indias? Eventualmente lo hará. Pero mientras el veinticinco por ciento de la población de la ciudad (250.000 personas), no tenga las tres comidas diarias, los problemas del planeta son secundarios (¡que no lo son!) y la pandemia lo que hizo fue agravarlos y agrandarlos, porque ahora, los que proveen a toda esta cantidad de gente, tienen que salir escondidos y pendientes de que no les vayan a poner un comparendo inútil, porque de todas formas no lo podrán pagar. Y cerraron Bazurto, a falta de mejores ideas, para gente común y corriente y sólo los mayoristas y los minoristas (intermediarios) pueden entrar a comprar mercado allí. No se necesita ser un genio en economía para saber que los precios van a subir más, en esta ciudad tan costosa para todos. 

Yo no llevo suficiente tiempo viviendo en Cartagena de Indias, pero estoy casi seguro que la temporada de lluvias el año pasado, empezó como a mediados o finales de marzo. Estamos en la tercera semana de mayo y nada de lluvias. En otras partes del país llueve a cántaros y hubo un derrumbe hoy en alguna carretera por la cantidad de agua: eso es probablemente una prueba de lo que Rifkin dice y de que vendrán nuevas pandemias a no ser que los millennials hagan algo extraordinario.

¿Cómo lograremos salir? 

Desiderata

Hace unos días leí en el periódico que las UCI en España si hay colapso de atención, darían prioridad a aquellos pacientes con mejor probabilidad de sobrevivir… Alguien decidirá. Recuerdo en la película basada en el libro de Isaac Asimov, Yo Robot, donde un policía que posee un brazo biónico,  tiene una pesadilla recurrente donde un robot lo salvó en un accidente en lugar de a una niña, porque la probabilidad de sobrevivir de él era mayor que la de ella. 

Y la esperanza de las UCI no es que sea mucha, como decía el médico Javier Romero, invitado por Patricia Lara en su columna del 1 de mayo, sobre los pacientes con COVID-19: «Los estudios chinos determinan que el 80% de los que necesitan conectarse a un ventilador fallecen», entonces la decisión es sobre un 20% más de esperanza de vida:

«Tú eres una criatura del universo, 

no menos que los árboles y las estrellas,

tienes derecho a existir»

Desiderata. 

Más allá del significado de la palabra: las cosas que se desean, este poema famoso publicado en 1962 de Max Ehrmann, fue acogido por el movimiento hippie de los sesenta y lo declamaban diferentes personas con voz de baritono y una música de fondo tipo new age. 

Y en esta época muchos se han tomado el derecho a decidir por los demás, ya sea porque han sido gobernantes elegidos democráticamente o no. En Hungría, Viktor Orban quiere gobernar indefinidamente. En Filipinas, dicen que Rodrigo Duterte con poderes ilimitados ha dado órden de disparar a quien viole la cuarentena.  En Cartagena de Indias, nosotros los mayores de sesenta no podemos salir a hacer ejercicio (ya no lo necesitan, dirán otros) y no podemos pisar las playas porque nos lo prohibieron. O podría ser para no tomar la decisión en frente de las UCI totalmente ocupadas.

«Camina plácido entre el ruido y la prisa,

y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio»

Un época muy rara

Definitivamente esta época que estamos viviendo es muy rara. No comprendo muy bien todos los efectos de lo que sucede. En España, han empezado a relajar el confinamiento y ayer salieron y llenaron calles y parques. En Estados Unidos, hay una gran discusión porque algunos estados no han dejado salir a la gente y hay una rebeldía muy curiosa, dicen que el gobierno no puede hacer lo que está haciendo de prohibir reuniones, cercanía entre personas, trabajar, porque va en contra de alguna de las enmiendas de la constitución, creo. Y puede ser cierto. Hay otras discusiones, como el filósofo Markus Gabriel, que dice que debemos prepararnos para el día siguiente con: « sociólogos, feministas y especialistas en diversidad, economistas, periodistas, filósofos, historiadores y profesores de literatura que analicen la narrativa del desastre.» Es cierto. Nosotros la gente del común, no comprendemos muy bien lo que está sucediendo. Necesitamos alguien que nos traduzca lo que pasa y nos enseñe a vivir nuevamente. En Chile, ha sido muy raro, los contagios son muy altos, comparativamente con el resto de América Latina, pero la letalidad afortunadamente muy baja.

La comparación es así:

ContagiadosMuertosPoblación
Chile21.00027018 millones
Colombia8.00031850 millones

Ni idea porqué. Claro que nosotros somos un país marginal, sin mucha llegada de gente y el alcalde de Cartagena canceló los cruceros en buena hora.

Una amiga muy querida falleció. Y su familia le organizó una misa por zoom. Había mucha gente conectada, más de cien conexiones, todos vestidos para la ocasión, todos respetuosos de lo que estaba sucediendo. No hubo el rito de la comunión con los asistentes, pero el cura sí lo hizo, con los silencios correspondientes. Y ¿saben qué? estuvo sorprendente, un lindo homenaje. Al final muchos hablamos de la persona y no hubo la algarabía que se forma en las misas de difuntos ni los chismes entre asistentes que no sólo se ven en estas ocasiones. Ni la presión porque ya viene otra misa y necesitamos la iglesia y la sala de velación. Muy lindo todo.

El alcalde de Cartagena de Indias ha salido a anunciar que la cuarentena acá será de dos semanas adicionales a las decretadas por el gobierno nacional. Claro que esta es una ciudad muy particular y uno ve las fotos de las congestiones en el mercado de Bazurto, de los peatones y de los carros. Que muy seguramente el cincuenta por ciento no debería estar allí, pero ¿qué hacen? deben salir a conseguir cómo alimentar sus familias en el día a día. Y ¿las playas? vacías, o casi vacías.

Durante el último Festival Hay que hubo en Cartagena, en una charla moderada por Juan Gossain, mencionaban ahí que a los caribes cartageneros, les gusta no cumplir la ley, de manera consciente. Acá vemos un par de personas en la playa, no están poniendo en riesgo a nadie, pero es que también, sabemos que el encierro produce muchas cosas, inclusive depresión y violencia intrafamiliar, entonces ¿qué hacemos?.

Pero lo raro además de esta época es que a uno como que ya no le dan ganas de salir. Un amigo me decía que salió durante su posibilidad y no se sintió ni cómodo ni alegre, no como cuando uno saldría de la cárcel al menos. Sino con sensación de vacío y aprensión. Y también conversábamos que muchas de las medidas que han sido tomadas son para la población mayor de edad, inclusive lo de la imposibilidad de hacer ejercicio en la calle. Ahora que me lo prohibieron, sí quiero salir a la calle en bicicleta. Y ¿los jóvenes? en este país cuya población de jóvenes es muy vulnerable, cuando muchos han perdido hasta la esperanza, ¿no es momento de pensar en ellos para el día siguiente? ¡Claro que sí! los viejos estamos en carrera de salida, pero los jóvenes deben recuperar el planeta. Las pandemias seguirán viniendo, ellos serán los que las deben afrontar con más inteligencia de lo que lo estamos haciendo ahora. ¿Cómo miraremos al futuro?

En medio de todo, quiero pensar que saldremos mejor librados de lo que veníamos. Aprenderemos una mejor forma de modelo económico, ummhh, de pronto. El planeta Tierra, se está defendiendo de una especie que ha hecho bastantes daños. Los humanos hemos acabado miles de especies, la búsqueda irracional del petróleo ha destruído ecosistemas, etc. Y ahora en estos días, al menos de manera temporal, aparecieron delfines en Bocagrande, aparecieron osos hormigueros no sé donde y venados también. Claro que las mascotas se han estresado, no estaban acostumbradas a tenernos todo el día, todos los días, con ellas: ¡Uy!.

Ajedrez para estos días

Hace como un año me volví a aficionar a este que se le llama el juego ciencia. Lo hice porque en el periódico español El País, aparece un caballero que se llama Leontxo García, quien además de comentar partidas actuales, tiene unos videos que son maravillosos, donde explica partidas nuevas y viejas de grandes genios del juego, de una manera muy agradable. Para quien quiera buscarlo, dentro del periódico digital, edición de España (hay de América, Brasil, catalán e inglés), en deportes, dentro de otros deportes, ahí está, escondido. 

Dicen que el juego proviene de India o de China, siglo VI d.C y de allí se propagó seguramente por el comercio hacia el resto de Asia y finalmente llegó a Europa y particularmente a España cuando los árabes conquistaron esta tierra y estuvieron allí por ocho siglos. 

Ahora, el ajedrez se debería enseñar en colegios y escuelas, para que los niños aumenten su capacidad de concentración y mejoren su inteligencia y su memoria, entre los muchos beneficios que trae esta práctica. Y es que el ajedrez debe enseñarse, hay muchos libros de técnica, de estrategia, pero sobretodo hay métodos para enseñar. Ojalá nuestros dirigentes educativos vieran sus ventajas. Tuve en este año el privilegio de conocer a un muchacho (Esneider), profesor él, esposo de una instructora de pilates, cuya cruzada ha sido enseñar ajedrez a los alumnos suyos en una escuela cerca a Bayunca, en el departamento de Bolívar. Mi total admiración por él y mi reconocimiento en este post.

La foto es de un ajedrez de esos en los cuales las piezas se insertan en unos huequitos. Está hecho en madera con algunas incrustaciones de otra madera y le forman figuras, con dos pequeñas cajas a los lados, para guardar las piezas una vez se termina la partida.

Cuando yo estaba en el colegio, me aficioné al juego y lo aprendí solo, sin profesor, por lo cual nunca fui tan bueno en él, como sí en billar, por ejemplo, porque mi papá me enseñó a jugar y lo hacía bien. De todas formas, como dicen, en el país de los ciegos el tuerto es rey, gané el campeonato que organizó el colegio, contra un contrincante de ascendencia francesa, Monsieur Piton. Curiosamente, en la partida final, él se levantó bruscamente de la silla y botó el tablero al piso, inmediatamente, ambos pusimos las fichas donde estaban antes del accidente, sin dudar de ninguna. Claro, los ajedrecistas aprenden esto y más. Los grandes campeones juegan partidas simultáneas, esto es contra varios oponentes al tiempo y hay unos que las juegan a ciegas, ¡sin ver ningún tablero!

Tiempo después, cuando estudié ingeniería, se empezaron a hacer los primeros programas de computador para jugar ajedrez. Originalmente, se basaban en listas de jugadas posibles que se iban reduciendo a medida que avanzaba la partida. Me imagino que los nuevos tendrán técnicas de machine learning, etc. Hubo un ajedrecista famoso (campeón mundial él), Gary Kasparov, quién se enfrentó a Deep Blue, un computador de IBM, en los años 1996 y 1997. EL primer duelo lo ganó Kasparov, el segundo el computador ganó. Y yo creo que los siguientes, los debería ganar el computador. Y es que un jugador lo que hace es ver hacia adelante algunas de las probables jugadas, entre más adelante mejor e ir escogiendo de acuerdo con su estrategia la que más convenga, cada vez. El computador, calcula todas las posibles jugadas, por lo cual, no es imposible, pero sí muy difícil ganarle. De hecho, los ajedrecistas usan estos programas para perfeccionar su técnica. 

Hay en un libro pequeño que uno leía de joven, llamado «El hombre que calculaba», de Malba Tahan (un brasileño de nombre real Julio César de Mello y Souza), una historia sobre el supuesto inventor del ajedrez a quien el rey de alguna parte de la India le ofreció un premio. Este pidió una recompensa de 1 grano de trigo por el primer escaque, dos por el segundo, cuatro por el tercero, ocho por el cuarto, etc, lo que da al final un número de 20 cifras (2 elevado a la potencia 64 menos uno) y el reino no tenía capacidad para tantos granos. 

Y leyendas que se han escrito sobre el ajedrez hay muchas. Y muchos juegos políticos de las grandes potencias se dieron tomando como base los campeonatos mundiales, más aún, cuando la Unión Soviética existía y los campeones eran de allí:

Víktor Korchnói vs Anatoly Karpov en 1978

Bobby Fisher vs Boris Spassky en 1972

Gary Kásparov vs Anatoly Karpov en 1984

Y muchas más. Ahora, excepto con algunos periodistas como Leontxo, no hay mucha difusión de los campeonatos de ajedrez, el campeón mundial actual se llama Magnus Carlsen.

Les recomiendo «El rincón de los inmortales» de Leotxo García en Youtube.

Getsemaní – no Monte de los olivos

En esta época de cuarentena, cuando uno empieza a tratar de distraerse de diversas formas, estoy haciendo lo que menciona Piedad Bonnett hoy, en su columna en El Espectador, “Nuestro tiempo”, tratando de recuperar mi práctica de lectura y no seguir postergando mi deseo de escribir. Me gusta escribir, aunque creo que es un oficio muy complicado, eso de sentarse a observar el mundo y sus relaciones y escribir su propia perspectiva de manera que quien lo lea, sienta qué fue lo que uno quiso decir, no es fácil. Pero a falta de algo que me guste más, estoy en eso, haciendo una especie de crónicas de lo que se me ocurre.

En fin, hoy leí un blog de Stuart M. Perkins (Storyshucker) acerca de los perros callejeros en Cartagena de Indias. Que los hay muchos y hasta tienen, afortunadamente alguien que está en la lucha tratando de velar por ellos:

https://www.cartagenapaws.com/

Y me puse a pensar en el ahora, de qué estarán viviendo esos perros callejeros, cuando no hay la gran cantidad de gente que normalmente estaba en la ciudad, turistas y locales, quienes de alguna forma los alimentaban y los consentían.

Y eso me lleva a otros a los cuales la nueva situación los ha afectado mucho más: aquellos de la economía informal, los que viven en el día a día, sin recursos, sin gente a quien ofrecer su trabajo diario. ¿Cómo lo estarán haciendo? Entonces debo pensar en el siguiente paso, posterior a la cuarentena. Se hace necesario que los pensamientos vayan dirigidos hacia la recuperación, por todos ellos y por nosotros mismos. ¿Cómo vamos a redescubrirnos, al menos los que vivimos en Cartagena? ¿Cómo vamos a sacar mejor provecho de las cosas bellas que tenemos, sin destruir? Y eso me lleva a recordar lo poco que alcancé a conocer de Getsemaní.

El barrio Getsemaní en Cartagena de Indias, está delimitado por la avenida Daniel Lemaitre, la calle del Pedregal, una de las murallas de la ciudad y la calle del Arsenal. Adentro los nombres de las calles son muy hermosos, como por ejemplo calle de la Sierpe o la calle de Tripita y media, de la cual cuenta Juan Gossain la historia de una muchacha que vivía en esa calle, vendía tripas de animales, por lo cual la conocían como Tripita y alguna vez se ganó un premio y le dió por usar medias de colores (en Cartagena a 36 grados centígrados) y entonces decían: «allí va tripita y media» y la gente empezó a identificar la calle por ese nombre. Y está también la calle Larga, por donde uno puede llegar a la isla de Manga, a través del puente Román y encuentra a la entrada de Manga, el fuerte de San Sebastián del Pastelillo.

Pero el barrio Getsemaní, ahora considerado como uno de los sitios más cool, dicho por revistas como Forbes, se conserva lleno de tradición, los vecinos con sus puertas abiertas y abiertos al turismo. Está anclado alrededor de la Plaza de la Santísima Trinidad, sitio lleno de vida, donde los getsemanicenses en las noches presentan espectáculos al aire libre, bailes, clases de aeróbicos, etc. Pero además puede uno tomarse una cerveza fría en mesas que están alrededor de la plaza, o al menos eso se podía hacer hasta hace un tiempo. Creo que ya no y no por lo de la cuarentena.

Muy cerca de la plaza, está un sitio maravilloso, una callecita de no más de un metro con cincuenta de ancho, que se llama obviamente, el Callejón Angosto

Las sombrillas están permanentemente allí, dando sombra a los transeuntes. Y también hay un Callejón Ancho…

En otras partes del barrio, las calles están llenas de vegetación florecida, casi permanentemente, flores de diferentes colores en árboles y arbustos, que no sé cómo logran mantenerse así con ese calor:

Hay hostales, hoteles, restaurantes, sitios para contemplar, calles con graffitis, sitios para escuchar música y bailar salsa.

Cuando todo esto pase, iré a caminar allí. Volveré a comer en “La cocina de Pepina” y en “Celelé”, que espero con todo mi corazón que sobrevivan a esta crisis. Volveré a ver las casas, a hablar con la gente, y a tratar de entender su acento cartagenero y a disfrutar de todo lo que tiene este lugar tan especial en Cartagena de Indias.

Para quienes estén interesados en Getsemaní, hay un periódico que sale impreso, pero también tiene página web:

https://www.elgetsemanicense.com/