Ftirápteros

En la entrada del municipio de Piojó en el departamento del Atlántico en Colombia hay un aviso verde con letras blancas en el que se lee: «Bienvenido a Piojó». Estoy seguro que ese aviso está escrito en plural, porque en la costa caribe colombiana se dice: «Un fóf foro, dos fóf foro». Pero no me voy a referir hoy a Piojó, sino a aquellos animalitos de los que dice la página Medlineplus.gov: «Que una persona tenga piojos en la cabeza NO significa que no sea higiénica ni que sea de clase social baja» (sic). No tengo idea de porqué una página con consejos médicos, que pertenece a la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, tiene semejante aclaración.

Habiendo dicho esto, los parásitos en cuestión tienen un nombre en latín, Phthiraptera y en la descripción que uno encuentra hacen mucho énfasis en que el parásito hace todas las fases de su ciclo de vida en el huésped: debe ser importantísimo eso. Pero además en la descripción se dicen cosas que uno no entiende mucho o al menos no usa mucho las palabras: «…insectos ápteros, hemimetábolos, ectoparásitos…» que a lo mejor lo detallan perfectamente.

El asunto es que estos animalitos han estado con los humanos muchísimo tiempo. Han encontrado momias de más de cinco mil años de antigüedad con liendres también momificadas me imagino y las momias no eran de clase social baja.

Lo cierto es que cuando a alguien cercano le descubren piojos en la cabeza eso es un drama en la casa. Todos aquellos que tienen algún contacto con dicha persona deben someterse al tratamiento antipiojos. Recuerda uno entonces el comercial de un champú que se llama Cruz azul:

Cuando pica, pica, pica. cuando rasca, rasca, rasca…

Y sale corriendo a la farmacia a comprar toda la existencia de la sustancia azul. Mi amiga Fanny contó que a alguien en su familia le pasó el episodio y cuando fué a la farmacia no había el dichoso champú sino que le dieron otro menjurje grasoso para que se echaran en el pelo y además una peinilla de cerdas finas (lendrera se llama desde la antigüedad) para terminar de sacar la primera fase del bicho, las liendres. Y volviendo a lo de la página de medline uno en una farmacia comprando champú antipiojos se siente raro con algo de vergüenza, como cuando un viejo se encuentra comprando condones en la droguería y cree que los que están allí le van a preguntar ¿y para qué?… Por cierto, ví que en Mercadolibre venden una máquina sacapiojos por alrededor de doce dólares, pero no tengo idea qué tan efectiva será.

Afortunadamente ya hay tratamientos diferentes a rasurarse todo el cuerpo, especialmente la cabeza o como leí en alguna parte que en China en el 1.000 A.C. usaban una combinación de mercurio y arsénico para matarlos a ellos y al huésped lo que se conoce como una solución radical. También hubo algunas recomendaciones modernas como utilizar una sustancia llamada malatión que ya no se usa mucho debido a su toxicidad pero sobretodo porque ¡es inflamable!, horror. O también se usa ivermectina, que la conozco porque a mi perro le picó una mosca y le implantó un gusano (nuche) bajo la piel, así que la recomendación del veterinario fué ponerle una inyección de esta cosa y sirve al menos para los nuches de los perros aunque no puedo hacer una recomendación sobre los ftirápteros.

Estos piojitos son unos animales realmente feos, seis patas con ganchos en ellas para aferrarse al huésped, dos antenas y un cuerpo como el de la cucaracha de Men in black. Afortunadamente son pequeñitos, porque de otra manera qué susto nos darían. Habiendo insectos lindos como esta mariposa pequeña, con peinado afro.

¿De dónde vienen?

Una de las características más sobresalientes de la especie humana es la curiosidad por saber de dónde provienen y cuál es el origen de las cosas. Esto ha permitido el avance de las ciencias como la física, las matemáticas y por supuesto de la medicina, que ahora en esta época ha producido esas vacunas para protegernos. Y para poder formalizar y que todos aceptemos los resultados de la curiosidad, nos inventamos el riguroso método científico.

Hay también situaciones de las cuales quisiéramos saber el origen ya fuera para no volver sobre lo mismo o para reafirmarnos en ello como por ejemplo cómo conocimos a nuestras parejas o a nuestras amistades. Ahora en navidad o año nuevo le llegan a uno bastantes documentos, videos, memes, etc, que dicen que lo mejor de la vida es la amistad así, en general. Son historias idílicas sobre el concepto de amistad. El otro día ví una que decía que a la amistad no le pasa el tiempo. Claro que sí le pasa el tiempo: ya las conversaciones no son iguales, ya los intereses son diferentes y los conocidos son distintos, ya hay menos cosas en común. Este hecho se ha profundizado mucho más desde que nos tuvimos que encerrar en época de COVID-19 y sus variantes. Y entonces los idealistas le reclaman sobre el concepto de amistad.

Esas historias nunca muestran ese lado oscuro que uno tiene de amigos que no quiso tener o gente a la que no quisiera haber conocido, como si eso fuera algo anormal. ¡Que va! es lo más normal del mundo: el horóscopo le dice a uno un día: «sal y consigue un nuevo amigo» y al siguiente día le sobra uno, pero el horóscopo no se lo dice.

Creo que se le atribuye a Lord Byron esa frase de «Cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro»

Volviendo al tema: ¿debería uno, por la curiosidad, hacer un inventario de los sucesos que lo llevaron a tener ese amigo que ha estado en las buenas y en las malas (uno no tiene muchos) para compartir ese conocimiento con otros y así sepan valorar a aquellos como este? ¿De dónde vino esta persona, cómo llegó hasta mí, cómo empezamos a darnos cuenta de lo que tenemos en común, cómo nos soportamos los desaires, las rabietas y en fin lo que sucede en el día a día? Uno podría…

Porque no debería sucedernos como a esta piedra gigante que no se sabe cómo llegó allí, si sería a causa de una erupción volcánica o de una inundación de proporciones colosales y cómo se clavó en ese sitio y qué profundidad tiene o si será como un iceberg con la mayor parte hundida. Cómo las plantas se han pegado a su fortaleza y con mucho cuidado han ido propagándose en algo que no parece tener nada de alimento, pero retiene agua. Una amistad basada en lo utilitario.

Y poder a la edad madura, contemplar el panorama de algunos cítricos y plantas de bambú con la tranquilidad de haber conservado las amistades que valieron la pena y no aquellas que pensamos que no valían la pena. ¿Será así de fácil?

Recuerdo un poema famoso de Clarice Lispector, «Volar»:

No me muestren lo que esperan de mí

porque voy a seguir mi corazón!

No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual,

porque sinceramente soy diferente!

No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira,

no sé volar con los pies en la tierra.

Soy siempre yo misma,

pero con seguridad no seré la misma para siempre

Hablando de…

Mi papá tenía un dicho bastante simpático cuando alguna situación se alargaba más de la cuenta: «Más largo que una orinada desde un balcón…». Esto me recordó que alguna vez leí de un o una, no puedo precisar, antropólog@ que los inodoros (váteres en España) habían quedado mal diseñados, porque uno no quedaba en la posición correcta o algo así. Yo creo que las letrinas de hoyo eran el ideal que pretendía el personaje en cuestión: por la posición. Decía Umberto Eco en alguno de sus libros, que el ser humano no soporta las evacuaciones de su propia especie a no ser que sean las propias y eso…, así que hay que esconderlas, procesarlas, lavarlas, hacer algo, etc.

Todo este preámbulo para comentar sobre los hechos normales de la vida, que de una o de otra manera nos parecen tabúes, como el orinar. Este líquido que se origina en los riñones y es bastante inerte, compuesto de mucha agua (95%), de sales y de úrea (componente nitrogenado) por lo cual es un fertilizante orgánico. Claro que a través de los análisis y los cultivos que sobre la orina se realizan en los laboratorios, es posible detectar una cantidad grande de enfermedades, pero eso es allá.

Además es la principal soplona a los que indagan sobre el doping en el deporte puesto que la droga permanece allí más tiempo que en la sangre y siguiendo en la misma línea de investigación, el urólogo nos pregunta a los hombres principalmente después de que cumplimos cierta edad por la presión del chorro (así) del flujo, porque si no es como lo que vemos en Hidroituango o en cualquier hidroeléctrica en el rebosadero, entonces hay indicios de algo grave por dentro, mmm…

Así que una buena presión como condición normal puede ser causa, que no excusa, para que muchos hombres salpiquen la taza del inodoro. ¿Es que no les enseñaron a no hacerlo? o creen que ¿el inodoro particular es desechable? ahh no tengo idea, pero me parece horrible que lo hagan. Abran el inodoro, levanten la tapa, limpien si es necesario ¿cuál es el problema? alguien más o usted mismo va a venir a sentarse ahí y no hay nada más incómodo (por decir lo menos) que encontrar una taza mojada…Recuerden lo que dijo Umberto Eco.

Hace un par de años, antes de la pandemia, apareció una noticia en Nueva Zelanda creo, donde recomendaban orinar mientras se duchen para ahorrar agua y por esto traigo a colación que en una ocasión que estuve en el Festival del Mono Núñez en Ginebra (Valle del Cauca en Colombia, no Suiza) de música andina colombiana, donde uno alquila una casa completa y los dueños de ella se van a dormir a otra parte y le dejan todos sus haberes (¡qué bonito eso!) en un signo de confianza total, pues parece que había un precursor de la recomendación sobre el ahorro del agua y dentro de la ducha, ¡oh sorpresa, había un orinal!, de esos de pared como los que uno encuentra en un centro comercial: sabios ellos.   

Para terminar debo hacer otra recomendación: cuando vayan a un sitio rural, en lugar de utilizar los váteres, escojan un árbol y hagan su micción allí porque el árbol sí lo va a apreciar. Lo único que deben tener en cuenta es que el perro alfa del sitio vendrá a hacer lo mismo, por lo cual mejor que el árbol o la planta regada esté lejos de la casa para evitar los olores de la urea. Y tengan en cuenta que si hay que ahorrar agua lo mejor es no bañarse.

Si no logro publicar algo más antes del 25 de diciembre les deseo a todos una muy feliz navidad y que el 2022 sí sea muy bueno con todos.

Brujos, síquicos o chamanes

Continuando con lo de los oficios, ser brujo debe ser una profesión bastante lucrativa y se aprende de maestro a aprendiz: no hay universidades. Desde tiempos inmemoriales los brujos o síquicos o chamanes o como se llamen han ocupado un espacio que no han podido llenar las religiones o sectas y ni siquiera la medicina tradicional alopática o la homeopática. Porque se trata de una transacción de una única vez, con un resultado favorable o no, pero que se paga según la complejidad del asunto y uno debe creer para recurrir a eso. No es necesario asistir a ritos todos los días o los domingos o cualquier otro día, no es necesario hacerse y pagar por exámenes y esperar otras dos o tres semanas (en el mejor de los casos) antes de que lo vuelva a atender el médico. Sólo se requiere la presencia de la persona necesitada del servicio en un consultorio donde atiende el (la) brujo(a) aunque también funcionan por medios electrónicos y redes sociales, aún antes de la pandemia.

Cuando yo hago consultoría en otras áreas del conocimiento, pues cobro de acuerdo con lo complejo del asunto y las horas que vaya a estar ocupado haciendo dicha consultoría. Algunos colegas más avezados cobran un plus según los resultados de lo comprometido, como por ejemplo un porcentaje sobre las utilidades o sobre los ingresos. No estoy seguro, porque no he hecho una visita a ningún personaje de las ciencias ocultas si los síquicos asumen parte del riesgo y cobran más o menos, según el resultado de su gestión.

Y es que este tipo de situación donde se pide consejo a un síquico se da en todos los estratos de la sociedad. Había un cuento de hace años que uno de los hombres más ricos de este país consultaba semanalmente a una bruja. Sin ir más lejos y esto fue comprobado por los medios de comunicación, hace unos años (pocos) un  Fiscal General de la República tuvo como consejero a uno de estos profesionales quien le daba recomendaciones sobre su gestión y el síquico andaba armado y con escoltas.

Hace un tiempo volví a trabajar como asesor con unos amigos luego de salir de un puesto lucrativo pero político y en alguna oportunidad el gerente de la nueva compañía me confesó que iban mejor desde cuando con motivo de realizar una remodelación de la oficina, encontraron unas monedas escondidas en un sitio estratégico, signo este inequívoco de un maleficio que le estaban haciendo a la empresa y que tuvo la necesidad de montar una «limpieza» a fondo para erradicar cualquier secuela.

L@s bruj@s se promocionan, tienen programas de radio donde hacen consultas en vivo y en directo (en tiempo real diríamos los de computación) y tienen un rating alto. Lo que he visto es que la respuesta a la consulta la dejan un poco a medias y le informan a la persona que deberá pasar por el consultorio lo antes posible y le dan cita. Esto lo oí en una emisora en Bogotá  donde el brujo, un chamán indígena que hablaba con un español limitado (probablemente parte de su imagen) realizaba consultas a quienes le habían escrito a su correo electrónico y él les prometía respuesta por el mismo medio, pero debían ir a verlo para mayor efectividad de su tratamiento. También aparecen en los clasificados de los periódicos: recuerdo que en El Universal de Cartagena de Indias periódico bastante serio, los clasificados anunciaban síquicos, brujos, chamanes, etc. Y tienen unos nombres bastante curiosos, algunos publicados en Cali son por ejemplo «Santero Palero Cubano», «Africana Bruja Kandra», «El Buda del amor» y otros más.

Traigo todo esto a colación para decir que como vivo en una zona rural, donde existen bruj@s que ayudan a mejorar la vida de gente o que ayudan a algunos a deshacerse de maleficios o a hacer maleficios a otros. Alguien me dijo que hemos sido blanco de una bruja especialista en que a uno le vaya mal. Pero yo digo que con esta época post pandemia y con un nuevo pico amenazante, no se necesita de la intervención de fuerzas oscuras manejadas por un especialista para que uno se tropiece con inconvenientes y problemas grandes todos los días. Así que por ahora, si alguien le recomienda que vaya a verlos, la gente que cree en brujos podría ahorrarse esa platica en pócimas o tratamientos porque ellos no van a maldecir o bendecir nada con eso: la pandemia es lo más malo que le ha ocurrido al menos durante mi casi larga vida a la humanidad y a nosotros particularmente porque afectó la salud, la cohesión social, la economía y mucha gente continúa con un gran dolor. Apostemos a la vida:

Buena suerte con aquello de l@s bruj@s, siquic@s o chamanes.

Oficios

Siempre he admirado a aquellos que tienen como profesión un oficio y con el deseo de ser hábil en alguno he incursionado en varios de ellos. Yo digo que se necesita valor dentro de la familia si no hay alguien cercano que profese el oficio en cuestión. Cuando uno decide tomar una profesión siempre habrá críticos opinando sobre qué es lo mejor para uno. Hace muchos años conocí un alemán que me fabricó unos muebles en madera y cuando le pregunté por su profesión, me dijo lleno de orgullo: «La estudié en mi país y me vine acá a desempeñarme como carpintero». ¿La estudió? pues sí como aprendiz de un maestro que le enseñó y eso sí era bien visto en su tierra natal. En nuestro(s) país(es), hay que tener una profesión que se estudie durante varios años con tal de que le den a uno un cartón que lo acredite como profesional y es que inclusive los gobiernos lo exigen para poder trabajar con ellos. En los oficios no hay un diploma por acá. Mi decisión de estudiar ingeniería de sistemas se basó en una conversación con algún amigo de mi hermano quien me habló de esta carrera nueva en ese momento y porque yo había visto la película 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick y en ella, el computador HAL 9000 me maravilló, qué máquina tan peculiar y HAL representa lo que ahora, más de cincuenta años después es la inteligencia artificial y más allá. Así que en ese tiempo no tuve que pensarlo mucho, pero hacer un oficio me ha llamado toda la vida.

Hace como un año tuvimos que cambiar la puerta de la parcela donde vivimos más que todo por motivos de seguridad pero eso es otra historia y recurrimos a un maestro ornamentador (así se llama ese oficio de artesanía en metal): Henry. Tipo orgulloso este Henry de su trabajo y de su profesión. Concertamos una cita y llegó en su vehículo muy cumplido, tomó las medidas, me hizo entender el tipo de material y pintó el diseño y las características de la puerta, propuso cuánto tiempo de trabajo y negociamos precio. A los tres días me llamó para que pasara por el taller a ver el avance y a la semana llegó con la puerta y la instaló. Ese sí es el tipo de profesional que se necesita, no creo que tenga un cartón pero que muchas veces lo sorprende a uno por su cumplimiento: impresionante.

Tanto fue lo que nos gustó que le encargamos otro trabajo, para un mueble de almacenamiento de utensilios de cocina y lo preferimos a un carpintero muy bueno pero este último no sabía cómo calcular los tiempos. Cuando uno pasa por el taller de Henry, él está siempre trabajando en sus creaciones de metal.

Hacer cosas con las manos y utilizar bien herramientas es una de esas habilidades envidiables. No soy muy bueno en ello, pero me las arreglo. No he vuelto a retomar el asunto de la talla en madera que estudié con un maestro tallador hace años, pero eso sí tengo libros, revistas, unas herramientas envidiables que me regaló mi amigo Nano y árboles como guayabo, quebrajacho y ocobo rosado. Así que básicamente no tengo excusa para no hacer nuevas tallas, sólo es comenzar a curar una madera (ya la tengo en secado) y decidir qué hacer.

Y es que eso del «hacer» lo reconforta a uno, ver cómo se va formando algo que pudo fabricar con su ingenio y sus limitaciones lo hacen sentir bien. Se concentra uno en su obra, mientras tanto piensa sobre una cantidad de temas y situaciones que resolver, la mayoría va saliendo adelante. Espero contarles pronto qué estoy haciendo en aquello de la talla…

Lo que sí tengo claro es que no soy autodidacta, necesito un maestro que me enseñe la técnica del oficio. Por ello tuve un maestro de talla y aún tengo otro de canto quien considera, no de manera trivial, que el enseñar canto es un oficio también. En otra ocasión hablaré de cómo entré en aquello del canto aficionado, pero con estudios y de mi iniciación con mi maestro Carlos.

Yo veo que ya entrando en el final de la vida hay que hacer algo con las manos, como un privilegio. Yo trabajé mucho tiempo con la mente y continúo haciéndolo porque creo que la sigo teniendo lúcida a pesar de los olvidos y el acecho del alemán ese (no el de los muebles, el otro), pero fabricar algo, sembrar y cuidar un árbol o escribir, son experiencias que ojalá todos podamos tener, aunque sea para divertirnos o porque ellas han sido alentadoras en esta época de pandemia.

¿Fenómenos naturales?

Coincidencialmente ¡qué cosa con estos tipos!, mientras preparaba este post la ONU que creo que tiene más recursos que yo presentó un video donde un dinosaurio entra a la asamblea y habla sobre la extinción y el consumo de combustibles fósiles, bonitos el video y el mensaje.

Los dinosaurios gobernaron el planeta Tierra unos doscientos millones de años y el Homo Sapiens sólo ha estado trescientos mil años es decir un poco más de una milésima parte de lo que estuvieron los dinosaurios. La edad de la Tierra, es de unos cuatro mil quinientos millones de años, el hombre no ha estado casi nada en el planeta. Si suponemos que la edad de la Tierra es de una hora, entonces con una regla de tres el hombre sólo ha habitado la Tierra durante 0,24 segundos o algo así: y ya nos creemos dueños de todo y muchos dicen que no existe ningún ser viviente más que el hombre en los miles de millones de planetas que hay en el universo. A veces somos tan, pero tan ¡obstinados!.

Y los dinosaurios se extinguieron. Es muy popular la teoría muchas veces refutada que la piedra que le pegó a la Tierra en el golfo de México fue suficiente para acabarlos.  Si uno fuera fatalista (lo cierto es que el planeta sí tenía una atmósfera parecida a la actual en la época de los dinosaurios) no estamos exentos de que otro meteorito del mismo tamaño nos pegue duro, aunque la probabilidad es bastante baja y en ese momento sabríamos qué tan cierta fue la teoría de la extinción. Sin embargo, más parece que un cambio climático ocurrió hace sesenta y cinco millones de años y fue la verdadera causa de que los dinosaurios se acabaran.

Los ecologistas hablan de los peligros de generación de metano por el  consecuente cambio climático, se menciona que el estiércol de las vacas daña más el planeta que un carro (coche): ¿sería que a los dinosaurios les pudo acelerar su extinción su propio estiércol?. Porque bastantes dinosaurios sí hubo o ¿de dónde sacamos tanto petróleo durante más de cien años? Eso apoyaría mi pensar que el planeta se defiende de aquellos que lo tratan de dominar, jajaja y el video de la ONU debe volverse a ver…

Yo no sé si la Tierra sea capaz de reaccionar como si fuera un organismo viviente tal como lo concebimos los humanos, a todos los excesos que ha cometido la especie. Pero no puede ser que aguante mucho el crecimiento de los gases de efecto invernadero con sus consecuencias y algo va a pasar, como en una novela de ciencia ficción.

Además hay otras prácticas lesivas que ha traído eso de querer hacerse más ricos como son extraer petróleo con técnicas de fracking o la minería del oro en los páramos que contamina sus aguas, por ejemplo. De esta última hay una lucha épica que mantienen unos pocos contra la voracidad y el poder económico de las compañías de explotación de oro y los gobiernos «permisivos» con las licencias ambientales en el páramo de Santurbán en los Santanderes colombianos, páramo de cuyas aguas se abastecen más de dos millones de personas.

¿Los fenómenos naturales como la Niña que estamos padeciendo en Latinoamérica que se alargan en el tiempo o el volcán ese de La Palma que no se apaga (por cierto, hay una transmisión en vivo que muestra la erupción y el ruido aterradores) o las sequías cada vez más graves, serán llamados de atención de la Tierra para que dejemos de maltratarla?

Como la nombró Luz Sánchez-Mellado en El País, de esas Santa Greta del Cambio Climático, necesitamos muchas más si amamos a este Planeta Tierra. Hagámosle caso a Francisco en su Laudato si: a cuidar la Casa Común.

Casa de abuelos

Las casas de los abuelos tienen esos recuerdos de los cuales escriben, hacen canciones, relatan cuentos, etc. Así que esto no es algo diferente a poner en palabras lo que yo creo que sucedió en aquellos tiempos cuando la casa era la de mis abuelos.

Una construcción bastante grande. De hecho en Google Earth la he visto y el área del lote es de casi mil metros cuadrados. Tenía una puerta de la calle pequeña y uno entraba en un corredor hasta una segunda puerta por donde se llegaba a la casa propiamente.  Me imagino que esto de las dos puertas era muy elegante: los visitantes tocaban el timbre y la empleada salía a recibirlos a la calle, si eran importantes o estaba lloviendo, los dejaba en el zaguán hasta cuando la autorizaban a hacerlos seguir. No tenía garaje para vehículos, porque eso no era necesario y porque ninguno de los abuelos quiso manejar un carro.

Tenía un patio central y creo, porque en mi recuerdo no lo veo tan claro, que había una fuente en el centro del patio. Alrededor estaban las habitaciones a las que uno no entraba porque o eran las de los tíos o de algún otro que vivía allí. Atrás el comedor y la cocina separados, nada de eso de «concepto abierto» que dicen ahora. No sé mucho de la cocina de la casa, pero lo que sí tenían allí mismo era uno de esos hornos de leña grandes, donde cocinaban lo que a mi abuelo le gustaba: un animal de la familia del chigüiro o capibara pero más pequeño que le llaman guartinaja, en fin una rata grande… Pero cuando mi abuela la cocinaba en ese horno, toda la casa olía absolutamente delicioso y además ese era día de festividad, invitaban amigos músicos y tocaban canciones hasta mucho más tarde de cuando yo me quedaba dormido. Del horno de leña hacia atrás había un jardín interno con un quiosco central donde el abuelo se sentaba a tomar café y a fumar tabaco. Alrededor del jardín había otras habitaciones para trabajadores de la finca.

Uno de los eventos que hubo en la casa fue el matrimonio de la prima mayor quien se casó con un músico que cantaba y tocaba guitarra muy bien. La recepción de la boda fue por todo lo alto, con mucha gente invitada y sobretodo muchos músicos interpretando las canciones de moda. La única persona a la que no le gustó mucho la idea del matrimonio fue a mi abuela quien no cesaba de decir: «Mija, no se case con un músico, porque los músicos son unos perros»…

Luego mi abuelo se enfermó, que ya lo he relatado (ver «Alguna oda a la vida: a pesar de la pandemia») de un cáncer con una historia de viejos recios que se lo llevó en unas tres semanas. Durante este tiempo quizás debido a la enfermedad de él, mis abuelos se redujeron en el espacio de la casa a un apartamento que habían construído en un área de la casa. Y murió el abuelo y la abuela que ya quedó sola, vino a vivir con nosotros y de vez en cuando se paseaba por las otras casas de los hijos. Ella debía tener unos setenta y algo de años, ayudaba en la casa, conversaba de todo y me hacía claras huevo a punto de nieve y luego la yema con limón o aguardiente para saborizarlas. Ella jamás se enojó con nadie, excepto con un obrero que fue a hacer algún arreglo en la casa y mi abuela tenía unos pajaritos libres que tomaban agua y comían en unos platos en el jardín. Pues este señor pisó a uno de los pajaritos y tuvo que salir despavorido de la casa ante la «ira santa» de ella que no concebía este tipo de accidentes.

No tengo claro cuándo se vendió esa casa pero sí que la universidad del pueblo la tomó para su sede original administrativa hasta cuando ya no cupieron. Todavía pertenece a la universidad, pero la fachada se ve deteriorada, no supe cómo la reformarían por dentro y si la mantendrán bien o no, la construcción original de estilo arquitectónico indefinido debe ser de mediados del siglo XX.

Un abrazo para todos, en especial para aquellos que tienen buenos recuerdos de la casa de los abuelos.

De colores

«De colores, de colores

de colores se visten los campos en la primavera

de colores, de colores

son los pajaritos que vienen de afuera»


Dice la canción popular que no sé de donde viene ni su autor. Si uno la busca en el tío Google, lo primero que aparece es que la compuso Joan Baez, que no lo es.

Pero voy a hablar del color que es una maravilla. Poder uno distinguir y recordar nombres y matices de muchos colores es sublime. Hasta hay varios intelectuales que han escrito sobre los nombres que tienen los colores en diferentes idiomas como también hay otros que lo plantan a uno en la tierra diciendo: eso de los colores es únicamente un reflejo de la luz del momento… Entonces, el colibrí con esos colores que imitan el arco iris ¿si no hay suficiente luz (claro, obvio) ese bichito se ve gris o no se ve? Sí. Debo decir que los colibríes, aves bellas, tienen en sus alas unas estructuras complejas y únicas que hacen que la luz se refleje de manera que parezca el arco iris, como pompas de jabón. Así que lo del color del pajarito no es tan fácil como que la luz se refleja y punto.

En el principio de mi carrera profesional trabajé en una fábrica de telas plásticas, una base de lienzo y sobre ella una masa de plástico de algún color que se fija cuando se pasa por hornos a temperatura controlada. Pues bien, llegaban clientes con una muestra de lo que querían que se les produjera y los ingenieros del laboratorio estudiaban y hacían pruebas sobre diferentes composiciones de pigmentos para dar con el color de la muestra, a ojo puro. Labor difícil porque todo depende de la luz y la luz del laboratorio es diferente de la del sol, entonces lo producido será diferente a la muestra. Metamerismo, se llama a eso, para los que quieran investigar sobre el asunto. Con toda esta problemática el gerente de la compañía, un hombre adelantado a su tiempo, consiguió un aparato para medir qué colores podría tener una muestra y así poder ahorrar tiempo y costo en la producción.

Creo que el aparato medía una cosa que se llama reflectancia. Trajo la máquina y yo que era el genio de los sistemas de computación de la empresa, según decía mi título universitario (sin el genio, creo) debía conectar el aparatejo ese al computador de la compañía. Hoy eso es fácil pero en ese tiempo ese trabajo era como conectar una licuadora a un horno microondas y ¡medir las proporciones de líquido y pulpa en un jugo!. Finalmente, con la ayuda de un amigo, ese sí genio de los computadores, lo logramos. El aparato sirvió para sus propósitos, pero siempre había que hacer alguna corrección en planta.

Los colores han significado siempre algo. Uno ve los colores de los diferentes tipos de ajíes e intuitivamente sabe cuál puede ser más picante, aunque a veces se equivoque. Y ¿qué decir de las ranas esas tan bellas que hay en las selvas del Chocó colombiano? Amarillas brillante, azules con rojo, rojas con lunares, etc. La Phyllobates terribilis es como su nombre lo indica, una ranita amarilla terrible de cinco centímetros de largo, cuya piel tiene el veneno más poderoso de todos y un miligramo puede matar a dos elefantes africanos (dice Wikipedia).

O las especias. No he tenido la oportunidad de ir a un mercado de especias en Marruecos o en India o donde sea que estén y eso es una de las frustraciones gastronómicas de mi vida. Sólo he podido ver algunas como la paprika húngara con ese rojo con algo de negro, o el jengibre en polvo (dorado), o la cúrcuma con ese amarillo con naranja y otras especias como las pimientas negra, verde, blanca o la misma sal, blanquísima. Estos colores al contrario invitan a comer cuando se incorporan a los platos. Y es que no hay algo que produzca menos apetito que una comida gris…

Como en todo, hay humanos (y animales, dicen que el toro no distingue el rojo) quienes a pesar de poder ver no distinguen colores, daltonismo se llama la condición. ¿Será que un día la ciencia aquella que produce las vacunas contra la pandemia en un año, es capaz de devolverle la vista a los ciegos y la capacidad de distinguir colores a los daltónicos? yo creo que sí, de pronto esa empresa del dueño de Amazon que está trabajando en cómo rejuvenecer a las personas, lo logra como efecto colateral.

Pajaritos

Como dicen en muchas películas, no sé si por mandato de ley o por convicción: «Acá no se maltrataron animales». Y es que las aves son muy ágiles, pero frágiles. Pues esta es la historia de algunos:

De nacimiento son francamente feos, es más bonito el huevo que cuando sale del cascarón. Las plumas se están formando y tienen el armazón, la estructura únicamente y esas pelusas en la cabeza, horrorosas. Se ven como si no fueran a salir adelante, la mamá o el papá o ambos, los cuidan de cualquiera que trate de acercárseles. La foto la tomé y salí corriendo antes que el pájaro cuidador se me viniera encima con toda su furia. El nido está hecho dentro de un racimo de plátano. Mi conocimiento pajaril no me da para saber qué tipo de aves son las que están en el nido.

Hay otros que como dice la canción: «…viene volando un pájaro amarillo», sólo que estos vienen en bandadas, que he contado unos 40 animalitos de esos. Llegan a comer y bajan al suelo, donde se ven vulnerables aunque no tanto porque los perros lo han intentado y ya ni siquiera los persiguen. Luego suben a unas palmeras y comen las semillas que carga la planta. Vuelven a bajar y podría jurar que son conscientes del riesgo de comer en el piso y están vigilando cualquier movimiento que pueda parecer de un depredador.

Los hay un poco más atrevidos que se aventuran dentro de la casa cuando encuentran ventanas abiertas. He tenido la suerte y la velocidad para agarrar algunos antes que los perros o la gata y los hay bellísimos como este de cabeza azul y cuerpo de varios colores (amarillo, verde, rojo, azul y negro), que luego supe que se llama Tángara real. Lo que hago normalmente con ellos es ponerlos de inmediato a salvo en la rama de un árbol lejos del alcance de los perros y el pajarito en cuestión se demora un momento en darse cuenta qué le pasó, antes de salir volando de nuevo. 

También hay que tratan de entrar a la casa creyendo que está abierta alguna ventana y se golpean contra el vidrio. Entonces es necesario salir corriendo y adivinar rápidamente de donde provino el sonido para recoger el pajarito antes de que termine mal. Le pasó al mirlo, que se golpeó duro y tuve que tomarlo en las manos y acariciarle la cabeza, el cuello y abrirle un poco las alas, todo con mucho cuidado para no ir a aumentarles la lesión. Si ven el copete del pájaro, perdió unas plumas con el golpe. A este mirlo lo puse encima de la rama de un limón y como a los diez minutos reaccionó y voló. Vean esas garras con las que me tiene la mano.

A otros el golpe los deja de mal genio. Este que llamaremos cejiamarillo, porque no tengo ni idea de qué especie es, se golpeó y luego que lo salvé de la gata, estaba bravísimo, quería picarme las manos. Salió volando tan pronto como abrí la mano.

Es una sensación muy especial esa de tener un ser tan frágil en las manos, saber que hay que soltarlo lo más rápido posible y que uno quiere seguir mirándolo por todas partes. El pico es una pieza linda de su anatomía y los colores que reflejan las plumas son hermosos. No debo hacerle mucha presión, porque le hago daño pero sí la suficiente para que no se me escape y la gata lo cace. Me quedo pensando que tengo en mi mano un ser que no sabe lo que le está pasando preso por un gigante y debo preservar esa vida.

También de vez en cuando llegan unos pájaros de gran tamaño como el de la portada del post, en la copa del árbol: una guacharaca de cola roja que hace un ruido muy particular parecido al instrumento musical que acompaña los sones de nuestra costa caribe y de las sabanas del Cesar y Bolívar. Tiene el tamaño de una gallina, pesa casi un kilogramo y tiene una cola bastante larga. Contrario a las gallinas, vuela muy bien y se la pasa en pareja de árbol en árbol. Empiezan a cantar como a las cinco y media de la mañana, así que hay que acostumbrarse al sonido de ellas e ignorarlas para poder seguir durmiendo. Parece que se dejan domesticar fácilmente, pero afortunadamente por acá prohibieron esa práctica o aún cazarlas.

Hay algunos que no lo logran, como este colibrí, que luego del golpe cayó al piso y no pude hacer nada, fué tarde y el golpe muy duro para su pequeño cráneo. Perdimos un ave hermosa. La enterramos.

Mi plaza de mercado

Las plazas de mercado siempre me han parecido deliciosas, por decir lo menos. Esa exposición que uno ve de frutas como piñas, naranjas, mandarinas, manzanas, mangos, aguacates, etc o verduras como lechugas, arvejas, habichuelas o cilantro en fin, o ir a la sección de carnicería son experiencias maravillosas, ni qué decir de la explosión de colores por todas partes. 

Durante el tiempo que viví en casa paterna visitaba a menudo la plaza de mercado del pueblo y aunque la sección de carnicería no me parecía lo más higiénico del mundo, acompañaba a mi papá a comprar la carne de la semana, que era cosa grande porque el almuerzo de todos los días (excepto el domingo) consistía en carne asada en brasas y en la casa estábamos mis padres, cuatro hermanos, mi abuela y dos empleadas, mamá e hija y la hija tenía un hijo mayor que yo. Sin contar con la esporádica aparición de alguien precísamente a la hora del almuerzo, que se servía a las 12 en punto. Luego de la compra de la carne y los demás víveres, alguien llevaba el mercado a la casa: un «caleta» como se denomina en los Santanderes de Colombia a quien lleva bultos a veces en hombros y otras en un carrito de ruedas balineras. 

La plaza de mercado de Pamplona se encuentra desde que yo tengo memoria, en un edificio muy lindo que fue declarado monumento nacional. Parece que lo construyeron hacia 1920, con lo cual acaba de cumplir cien años y sigue funcionando como plaza de productos al detal. El edificio según recuerdo, ocupa casi toda una manzana con varias puertas de entrada hacia el interior y otras sobre la fachada que llevan a  pequeños negocios mayormente de cacharrerías (aquellos almacenes donde uno consigue casi de todo) y solamente se puede entrar a ellos desde la calle. 

Por una de las puertas del edificio va uno a las artesanías, por otra a los granos, por otra a las frutas y verduras y así se distribuyen dentro del lugar. El edificio tiene dos pisos. Nunca fui al segundo porque siempre me pareció misterioso porque las puertas de los locales allí siempre estaban cerradas, aunque ahora me imagino que en ellos debió estar la administración.  

Hay un piso intermedio un poco laberíntico  donde se encuentran las carnicerías. Ahí están los dependientes vestidos de blanco (rojo), siempre con un cuchillo o un hacha cortando las diferentes piezas para la venta. Más hacia adentro del mercado había un sitio donde se encontraban ferreteros y posiblemente forjadores de cuchillos, machetes y hachas, además de cerrajeros. También en la misma zona de la plaza se encontraban las cocinas, que era el nombre que mi mamá les daba a los restaurantes a los cuales ella les tenía un cierto veto y entonces no íbamos. Por ese mismo lado de la plaza, pero al frente, se encuentra todavía en Teatro Jáuregui, en el cual disfrutábamos el matinal, cine de 10AM y uno sabía cuándo estaba por empezar la película porque por uno de los pasillos dentro pasaba corriendo un muchacho quien con eso se ganaba el derecho a ver la película y había sido elegido por el portero del teatro para correr el telón que contaba con su sistema de poleas y yo le tenía envidia a ese elegido que se acercaba tanto al telón y podía ver más cerca la magia del cine.

En la parte de atrás, frente al edificio, se encuentra aún una pequeña capilla de las monjas de Brighton a las que uno nunca veía, al menos las que estaban allí. Parece que esa clausura ya se cambió, porque hace un tiempo vi en el periódico de Cúcuta, La Opinión, que las monjas están dedicadas a la cocina gourmet – orgánica.

Debía tener yo unos seis o siete años y como vivía en un pueblo donde casi todo el mundo se conocía, pues andaba solo por las calles y en mi casa eso era normal. En una ocasión que me perdí y por estar metido no sé dónde perdí un zapato, alguien apareció a decirme cómo llegar a mi casa o a la de mis abuelos. En una de esas excursiones andaba ese día junto con un compañero de colegio y nos fuimos a la plaza de mercado hacia el área de frutas y verduras cuando de pronto mi compañero salió corriendo y yo no supe qué había pasado hasta cuando una de las vendedoras de frutas me agarró por un brazo y dijo: «Ahh si es el hijo de don Fernando y ¿qué hace robando frutas?». El otro se había llevado algo como una naranja o no se qué y corrió dejándome expuesto a la ignominia. Ha sido una de las mayores afrentas de mi vida, todavía la recuerdo. No supe muy bien qué pasó luego, si a mis papás les tocó pagar lo que se llevó mi «amigo» o qué. Como consecuencia de eso, durante mucho tiempo a mi me daba verguenza pasar por ese puesto de frutas del mercado… 

Sin embargo la cosa pasó y años después recuerdo que ya compraba las frutas allí donde me habían condenado sin juicio reus actum.