Observando con coraje lo que se nos viene por delante

Hace bastante tiempo no escribo. Lo he atribuido a la situación actual de la pandemia, pero no sé. Será ¿pereza, frustración?. Lo que sí sé, es que yo escribo normalmente para mí y entonces dejo a un lado todo y decido sentarme frente al computador a escribir lo que se me ocurra, lo que sienta.

La época está un poco más dura de lo que nos imaginábamos. Ya se ve que países que estuvieron con muchos problemas, como España, empezaron a abrir sus fronteras y su economía. Pienso que lo mejor que han podido hacer los españoles fue abrir las barras de los bares, así puede uno volver a comer tapas y tomar una copa de vino o una caña y como no puede tener a nadie a menos de dos metros: mirarse al espejo que hay detrás de la barra.

Pero por acá la cosa no mejora mucho. Ciudades como Medellín y Bogotá han empezado a abrir negocios, en la costa Caribe se ha demorado todo. Como consecuencia tuvimos que cerrar nuestro emprendimiento, habiendo hecho una inversión en dinero y tiempo grandes. Conservamos la esperanza de volver a abrir en un tiempo corto y ver cómo se nos dan las cosas, porque el futuro será recomenzar como cuando abrimos hace casi un año: promovernos en todas partes, conseguir clientes, adoptar las nuevas medidas de sanidad y prepararnos por si vuelve una segunda ola del virus.

Vienen tormentas… Las deberé afrontar con toda mi experiencia ganada en estos años de vivir y saldré como lo he hecho de muchas crisis económicas, sentimentales, administrativas, ahh… de todo lo que he vivido: a punta de coraje.

Hoy me debato entre la frustración, la tristeza, la rabia y cuando el calor en esta ciudad está más fuerte, cuando el encierro me vuelve un poco esquizofrénico, derivo buscando salidas hacia la poesía que guardo en mis archivos sobre algo atribuido a Walt Whitman:

Somos seres, humanos, llenos de pasión.
La vida es desierto y tambien es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en
protagonistas de nuestra propia historia…
Pero no dejes nunca de soñar,
porque sólo a través de sus sueños
puede ser libre el hombre.

Los Poetas y los poemas

Con esto del tema de moda: la pandemia, alguien recordó un poema de la polaca premio nobel de 1996, Wislawa Szymborska, sobre lo peor que uno le puede hacer a un gato y es morirse. Y dice en alguno de sus pedazos: Morir —eso, a un gato, no se le hace/ Porque, ¿qué puede hacer un gato en un piso vacío?/ Subirse por las paredes.

Y pienso, nosotros que tenemos dos gatas, ay quedarían desamparadas y tristes, ellas que oyen a la distancia los pasos cuando alguno de los dos llegamos al edificio y nos sienten desde la entrada, a lo lejos, ya no serán los mismos, no los reconocerán. ¡Ahh qué cosa!

Me puse a buscar poemas para leer y recomendar. Que no es una tarea fácil, menos en esta época que mucha gente ya no está preparada para leer más de doscientos ochenta caracteres. Y es que los poetas logran decir con mejores palabras las cosas que uno hubiera querido decir si hubiera tenido el talento y la paciencia. Vean un ejemplo, la misma poeta Szymborska: Cuando pronuncio la palabra Futuro,/ la primera sílaba pertenece ya al pasado./ Cuando pronuncio la palabra Silencio,/ lo destruyo./ Cuando pronuncio la palabra Nada,/ … creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Los poetas hay que buscarlos por temas, no para aprenderse los poemas, sino para ver lo que se puede decir sobre la vida, la muerte, la condición humana, los seres, el amor, quién ha podido retratar mejor el vacío emocional o la desesperanza que León De Greiff: Juego mi vida, cambio mi vida,/ de todos modos/ la llevo perdida… 

O alguien por la vida como el argentino Carlos Alberto Boaglio, en algunos de sus versos:  A pesar de mis fracasos,/ mis pecados, mis caídas/… A pesar de que me trague mis verdades, mis mentiras./ A pesar de mis defectos, de mi cólera, de mi ira,/ A pesar de todo eso…/ Sigo apostando a la vida.   

No puede faltar en una búsqueda rápida y al azar, el poeta latinoamericano por excelencia, Neruda. Miren que este chileno le tiene poemas a la cocina, a la alcachofa, una oda al congrio y son muy divertidos. El poema XXI (más conocido es el XX, sobre el amor), sobre la muerte: Tengo lista mi muerte, como un traje/ que me espera, del color que amo,/ de la extensión que busqué inútilmente,/ de la profundidad que necesito.

Para terminar de contarles lo que he estado leyendo, del poeta cartagenero Raúl Gómez Jattin, un poco loco y drogadicto que murió en la indigencia, pero no obstante nos dejó poemas absolutamente bellos, cargados de realidad como este: Prometo no amarte eternamente,/ ni serte fiel hasta la muerte,/ ni caminar tomados de la mano,/ ni colmarte de rosas,/ ni besarte apasionadamente siempre/

Seguiré ¡apostando a la vida!

¿Y qué del día después?

Hay una gran cantidad de pensadores que están tratando de adivinar cómo será la sociedad después del COVID-19, nadie pone la mano en el fuego por sus propias elucubraciones, pero eso sí, todos coinciden en que será la oportunidad para construir una nueva humanidad y un nuevo modelo económico. ¿Cuándo? en treinta o cuarenta años y si fallan, pues no pasa nada. Lo muy cierto de esta pandemia es que al menos ha puesto a muchos a pensar en el planeta. 

Dice el sociólogo y activista Jeremy Rifkin, que la economía basada en combustible fósil se acaba, pero que antes de que eso ocurra, afortunadamente los jóvenes han empezado una revolución planetaria, que lo que está pidiendo es la protección de la misma humanidad, porque se perciben en peligro y además reconocen necesario proteger a todas las otras especies. Y esto es muy positivo.

Y es que lo del cambio climático uno como que no lo termina de entender. Rifkin pone un hecho: «por cada grado de temperatura que aumenta por los gases de efecto invernadero, la atmósfera absorbe un siete por ciento más de precipitaciones (agua) que por el mismo calor, caen más rápidamente, provocando nevadas en invierno, inundaciones en primavera, sequías e incendios en verano y huracanes en otoño» 

¿Y eso cómo nos afectará en Cartagena de Indias? Eventualmente lo hará. Pero mientras el veinticinco por ciento de la población de la ciudad (250.000 personas), no tenga las tres comidas diarias, los problemas del planeta son secundarios (¡que no lo son!) y la pandemia lo que hizo fue agravarlos y agrandarlos, porque ahora, los que proveen a toda esta cantidad de gente, tienen que salir escondidos y pendientes de que no les vayan a poner un comparendo inútil, porque de todas formas no lo podrán pagar. Y cerraron Bazurto, a falta de mejores ideas, para gente común y corriente y sólo los mayoristas y los minoristas (intermediarios) pueden entrar a comprar mercado allí. No se necesita ser un genio en economía para saber que los precios van a subir más, en esta ciudad tan costosa para todos. 

Yo no llevo suficiente tiempo viviendo en Cartagena de Indias, pero estoy casi seguro que la temporada de lluvias el año pasado, empezó como a mediados o finales de marzo. Estamos en la tercera semana de mayo y nada de lluvias. En otras partes del país llueve a cántaros y hubo un derrumbe hoy en alguna carretera por la cantidad de agua: eso es probablemente una prueba de lo que Rifkin dice y de que vendrán nuevas pandemias a no ser que los millennials hagan algo extraordinario.

¿Cómo lograremos salir? 

Desiderata

Hace unos días leí en el periódico que las UCI en España si hay colapso de atención, darían prioridad a aquellos pacientes con mejor probabilidad de sobrevivir… Alguien decidirá. Recuerdo en la película basada en el libro de Isaac Asimov, Yo Robot, donde un policía que posee un brazo biónico,  tiene una pesadilla recurrente donde un robot lo salvó en un accidente en lugar de a una niña, porque la probabilidad de sobrevivir de él era mayor que la de ella. 

Y la esperanza de las UCI no es que sea mucha, como decía el médico Javier Romero, invitado por Patricia Lara en su columna del 1 de mayo, sobre los pacientes con COVID-19: «Los estudios chinos determinan que el 80% de los que necesitan conectarse a un ventilador fallecen», entonces la decisión es sobre un 20% más de esperanza de vida:

«Tú eres una criatura del universo, 

no menos que los árboles y las estrellas,

tienes derecho a existir»

Desiderata. 

Más allá del significado de la palabra: las cosas que se desean, este poema famoso publicado en 1962 de Max Ehrmann, fue acogido por el movimiento hippie de los sesenta y lo declamaban diferentes personas con voz de baritono y una música de fondo tipo new age. 

Y en esta época muchos se han tomado el derecho a decidir por los demás, ya sea porque han sido gobernantes elegidos democráticamente o no. En Hungría, Viktor Orban quiere gobernar indefinidamente. En Filipinas, dicen que Rodrigo Duterte con poderes ilimitados ha dado órden de disparar a quien viole la cuarentena.  En Cartagena de Indias, nosotros los mayores de sesenta no podemos salir a hacer ejercicio (ya no lo necesitan, dirán otros) y no podemos pisar las playas porque nos lo prohibieron. O podría ser para no tomar la decisión en frente de las UCI totalmente ocupadas.

«Camina plácido entre el ruido y la prisa,

y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio»

Un época muy rara

Definitivamente esta época que estamos viviendo es muy rara. No comprendo muy bien todos los efectos de lo que sucede. En España, han empezado a relajar el confinamiento y ayer salieron y llenaron calles y parques. En Estados Unidos, hay una gran discusión porque algunos estados no han dejado salir a la gente y hay una rebeldía muy curiosa, dicen que el gobierno no puede hacer lo que está haciendo de prohibir reuniones, cercanía entre personas, trabajar, porque va en contra de alguna de las enmiendas de la constitución, creo. Y puede ser cierto. Hay otras discusiones, como el filósofo Markus Gabriel, que dice que debemos prepararnos para el día siguiente con: « sociólogos, feministas y especialistas en diversidad, economistas, periodistas, filósofos, historiadores y profesores de literatura que analicen la narrativa del desastre.» Es cierto. Nosotros la gente del común, no comprendemos muy bien lo que está sucediendo. Necesitamos alguien que nos traduzca lo que pasa y nos enseñe a vivir nuevamente. En Chile, ha sido muy raro, los contagios son muy altos, comparativamente con el resto de América Latina, pero la letalidad afortunadamente muy baja.

La comparación es así:

ContagiadosMuertosPoblación
Chile21.00027018 millones
Colombia8.00031850 millones

Ni idea porqué. Claro que nosotros somos un país marginal, sin mucha llegada de gente y el alcalde de Cartagena canceló los cruceros en buena hora.

Una amiga muy querida falleció. Y su familia le organizó una misa por zoom. Había mucha gente conectada, más de cien conexiones, todos vestidos para la ocasión, todos respetuosos de lo que estaba sucediendo. No hubo el rito de la comunión con los asistentes, pero el cura sí lo hizo, con los silencios correspondientes. Y ¿saben qué? estuvo sorprendente, un lindo homenaje. Al final muchos hablamos de la persona y no hubo la algarabía que se forma en las misas de difuntos ni los chismes entre asistentes que no sólo se ven en estas ocasiones. Ni la presión porque ya viene otra misa y necesitamos la iglesia y la sala de velación. Muy lindo todo.

El alcalde de Cartagena de Indias ha salido a anunciar que la cuarentena acá será de dos semanas adicionales a las decretadas por el gobierno nacional. Claro que esta es una ciudad muy particular y uno ve las fotos de las congestiones en el mercado de Bazurto, de los peatones y de los carros. Que muy seguramente el cincuenta por ciento no debería estar allí, pero ¿qué hacen? deben salir a conseguir cómo alimentar sus familias en el día a día. Y ¿las playas? vacías, o casi vacías.

Durante el último Festival Hay que hubo en Cartagena, en una charla moderada por Juan Gossain, mencionaban ahí que a los caribes cartageneros, les gusta no cumplir la ley, de manera consciente. Acá vemos un par de personas en la playa, no están poniendo en riesgo a nadie, pero es que también, sabemos que el encierro produce muchas cosas, inclusive depresión y violencia intrafamiliar, entonces ¿qué hacemos?.

Pero lo raro además de esta época es que a uno como que ya no le dan ganas de salir. Un amigo me decía que salió durante su posibilidad y no se sintió ni cómodo ni alegre, no como cuando uno saldría de la cárcel al menos. Sino con sensación de vacío y aprensión. Y también conversábamos que muchas de las medidas que han sido tomadas son para la población mayor de edad, inclusive lo de la imposibilidad de hacer ejercicio en la calle. Ahora que me lo prohibieron, sí quiero salir a la calle en bicicleta. Y ¿los jóvenes? en este país cuya población de jóvenes es muy vulnerable, cuando muchos han perdido hasta la esperanza, ¿no es momento de pensar en ellos para el día siguiente? ¡Claro que sí! los viejos estamos en carrera de salida, pero los jóvenes deben recuperar el planeta. Las pandemias seguirán viniendo, ellos serán los que las deben afrontar con más inteligencia de lo que lo estamos haciendo ahora. ¿Cómo miraremos al futuro?

En medio de todo, quiero pensar que saldremos mejor librados de lo que veníamos. Aprenderemos una mejor forma de modelo económico, ummhh, de pronto. El planeta Tierra, se está defendiendo de una especie que ha hecho bastantes daños. Los humanos hemos acabado miles de especies, la búsqueda irracional del petróleo ha destruído ecosistemas, etc. Y ahora en estos días, al menos de manera temporal, aparecieron delfines en Bocagrande, aparecieron osos hormigueros no sé donde y venados también. Claro que las mascotas se han estresado, no estaban acostumbradas a tenernos todo el día, todos los días, con ellas: ¡Uy!.

Ajedrez para estos días

Hace como un año me volví a aficionar a este que se le llama el juego ciencia. Lo hice porque en el periódico español El País, aparece un caballero que se llama Leontxo García, quien además de comentar partidas actuales, tiene unos videos que son maravillosos, donde explica partidas nuevas y viejas de grandes genios del juego, de una manera muy agradable. Para quien quiera buscarlo, dentro del periódico digital, edición de España (hay de América, Brasil, catalán e inglés), en deportes, dentro de otros deportes, ahí está, escondido. 

Dicen que el juego proviene de India o de China, siglo VI d.C y de allí se propagó seguramente por el comercio hacia el resto de Asia y finalmente llegó a Europa y particularmente a España cuando los árabes conquistaron esta tierra y estuvieron allí por ocho siglos. 

Ahora, el ajedrez se debería enseñar en colegios y escuelas, para que los niños aumenten su capacidad de concentración y mejoren su inteligencia y su memoria, entre los muchos beneficios que trae esta práctica. Y es que el ajedrez debe enseñarse, hay muchos libros de técnica, de estrategia, pero sobretodo hay métodos para enseñar. Ojalá nuestros dirigentes educativos vieran sus ventajas. Tuve en este año el privilegio de conocer a un muchacho (Esneider), profesor él, esposo de una instructora de pilates, cuya cruzada ha sido enseñar ajedrez a los alumnos suyos en una escuela cerca a Bayunca, en el departamento de Bolívar. Mi total admiración por él y mi reconocimiento en este post.

La foto es de un ajedrez de esos en los cuales las piezas se insertan en unos huequitos. Está hecho en madera con algunas incrustaciones de otra madera y le forman figuras, con dos pequeñas cajas a los lados, para guardar las piezas una vez se termina la partida.

Cuando yo estaba en el colegio, me aficioné al juego y lo aprendí solo, sin profesor, por lo cual nunca fui tan bueno en él, como sí en billar, por ejemplo, porque mi papá me enseñó a jugar y lo hacía bien. De todas formas, como dicen, en el país de los ciegos el tuerto es rey, gané el campeonato que organizó el colegio, contra un contrincante de ascendencia francesa, Monsieur Piton. Curiosamente, en la partida final, él se levantó bruscamente de la silla y botó el tablero al piso, inmediatamente, ambos pusimos las fichas donde estaban antes del accidente, sin dudar de ninguna. Claro, los ajedrecistas aprenden esto y más. Los grandes campeones juegan partidas simultáneas, esto es contra varios oponentes al tiempo y hay unos que las juegan a ciegas, ¡sin ver ningún tablero!

Tiempo después, cuando estudié ingeniería, se empezaron a hacer los primeros programas de computador para jugar ajedrez. Originalmente, se basaban en listas de jugadas posibles que se iban reduciendo a medida que avanzaba la partida. Me imagino que los nuevos tendrán técnicas de machine learning, etc. Hubo un ajedrecista famoso (campeón mundial él), Gary Kasparov, quién se enfrentó a Deep Blue, un computador de IBM, en los años 1996 y 1997. EL primer duelo lo ganó Kasparov, el segundo el computador ganó. Y yo creo que los siguientes, los debería ganar el computador. Y es que un jugador lo que hace es ver hacia adelante algunas de las probables jugadas, entre más adelante mejor e ir escogiendo de acuerdo con su estrategia la que más convenga, cada vez. El computador, calcula todas las posibles jugadas, por lo cual, no es imposible, pero sí muy difícil ganarle. De hecho, los ajedrecistas usan estos programas para perfeccionar su técnica. 

Hay en un libro pequeño que uno leía de joven, llamado «El hombre que calculaba», de Malba Tahan (un brasileño de nombre real Julio César de Mello y Souza), una historia sobre el supuesto inventor del ajedrez a quien el rey de alguna parte de la India le ofreció un premio. Este pidió una recompensa de 1 grano de trigo por el primer escaque, dos por el segundo, cuatro por el tercero, ocho por el cuarto, etc, lo que da al final un número de 20 cifras (2 elevado a la potencia 64 menos uno) y el reino no tenía capacidad para tantos granos. 

Y leyendas que se han escrito sobre el ajedrez hay muchas. Y muchos juegos políticos de las grandes potencias se dieron tomando como base los campeonatos mundiales, más aún, cuando la Unión Soviética existía y los campeones eran de allí:

Víktor Korchnói vs Anatoly Karpov en 1978

Bobby Fisher vs Boris Spassky en 1972

Gary Kásparov vs Anatoly Karpov en 1984

Y muchas más. Ahora, excepto con algunos periodistas como Leontxo, no hay mucha difusión de los campeonatos de ajedrez, el campeón mundial actual se llama Magnus Carlsen.

Les recomiendo «El rincón de los inmortales» de Leotxo García en Youtube.

Getsemaní – no Monte de los olivos

En esta época de cuarentena, cuando uno empieza a tratar de distraerse de diversas formas, estoy haciendo lo que menciona Piedad Bonnett hoy, en su columna en El Espectador, “Nuestro tiempo”, tratando de recuperar mi práctica de lectura y no seguir postergando mi deseo de escribir. Me gusta escribir, aunque creo que es un oficio muy complicado, eso de sentarse a observar el mundo y sus relaciones y escribir su propia perspectiva de manera que quien lo lea, sienta qué fue lo que uno quiso decir, no es fácil. Pero a falta de algo que me guste más, estoy en eso, haciendo una especie de crónicas de lo que se me ocurre.

En fin, hoy leí un blog de Stuart M. Perkins (Storyshucker) acerca de los perros callejeros en Cartagena de Indias. Que los hay muchos y hasta tienen, afortunadamente alguien que está en la lucha tratando de velar por ellos:

https://www.cartagenapaws.com/

Y me puse a pensar en el ahora, de qué estarán viviendo esos perros callejeros, cuando no hay la gran cantidad de gente que normalmente estaba en la ciudad, turistas y locales, quienes de alguna forma los alimentaban y los consentían.

Y eso me lleva a otros a los cuales la nueva situación los ha afectado mucho más: aquellos de la economía informal, los que viven en el día a día, sin recursos, sin gente a quien ofrecer su trabajo diario. ¿Cómo lo estarán haciendo? Entonces debo pensar en el siguiente paso, posterior a la cuarentena. Se hace necesario que los pensamientos vayan dirigidos hacia la recuperación, por todos ellos y por nosotros mismos. ¿Cómo vamos a redescubrirnos, al menos los que vivimos en Cartagena? ¿Cómo vamos a sacar mejor provecho de las cosas bellas que tenemos, sin destruir? Y eso me lleva a recordar lo poco que alcancé a conocer de Getsemaní.

El barrio Getsemaní en Cartagena de Indias, está delimitado por la avenida Daniel Lemaitre, la calle del Pedregal, una de las murallas de la ciudad y la calle del Arsenal. Adentro los nombres de las calles son muy hermosos, como por ejemplo calle de la Sierpe o la calle de Tripita y media, de la cual cuenta Juan Gossain la historia de una muchacha que vivía en esa calle, vendía tripas de animales, por lo cual la conocían como Tripita y alguna vez se ganó un premio y le dió por usar medias de colores (en Cartagena a 36 grados centígrados) y entonces decían: «allí va tripita y media» y la gente empezó a identificar la calle por ese nombre. Y está también la calle Larga, por donde uno puede llegar a la isla de Manga, a través del puente Román y encuentra a la entrada de Manga, el fuerte de San Sebastián del Pastelillo.

Pero el barrio Getsemaní, ahora considerado como uno de los sitios más cool, dicho por revistas como Forbes, se conserva lleno de tradición, los vecinos con sus puertas abiertas y abiertos al turismo. Está anclado alrededor de la Plaza de la Santísima Trinidad, sitio lleno de vida, donde los getsemanicenses en las noches presentan espectáculos al aire libre, bailes, clases de aeróbicos, etc. Pero además puede uno tomarse una cerveza fría en mesas que están alrededor de la plaza, o al menos eso se podía hacer hasta hace un tiempo. Creo que ya no y no por lo de la cuarentena.

Muy cerca de la plaza, está un sitio maravilloso, una callecita de no más de un metro con cincuenta de ancho, que se llama obviamente, el Callejón Angosto

Las sombrillas están permanentemente allí, dando sombra a los transeuntes. Y también hay un Callejón Ancho…

En otras partes del barrio, las calles están llenas de vegetación florecida, casi permanentemente, flores de diferentes colores en árboles y arbustos, que no sé cómo logran mantenerse así con ese calor:

Hay hostales, hoteles, restaurantes, sitios para contemplar, calles con graffitis, sitios para escuchar música y bailar salsa.

Cuando todo esto pase, iré a caminar allí. Volveré a comer en “La cocina de Pepina” y en “Celelé”, que espero con todo mi corazón que sobrevivan a esta crisis. Volveré a ver las casas, a hablar con la gente, y a tratar de entender su acento cartagenero y a disfrutar de todo lo que tiene este lugar tan especial en Cartagena de Indias.

Para quienes estén interesados en Getsemaní, hay un periódico que sale impreso, pero también tiene página web:

https://www.elgetsemanicense.com/

¿Qué hago para mejorar mi cuerpo?

He sido amante de los animales toda la vida que recuerdo. Perros, gatos, aves, hasta insectos. Mis amigos me veían, en algunos paseos que hacíamos a donde unos conocidos en Fusagasugá, cerca a Bogotá, donde hay arañas y yo las sacaba de la casa dentro de una bolsa plástica, para no hacerles daño, más uno a ellas que ellas a uno. Los animales hay que respetarlos y quererlos porque son muy frágiles. Siempre he tenido mascotas, principalmente gatos y esto me llevó a investigar que Joseph Pilates parece que inventó su método al observar los movimientos de los gatos. Y es que ellos son extraordinarios, hay que verlos luego de que han dormido por horas, se levantan y lo primero que hacen es estirar su cuerpo, el centro y las extremidades. Y esto fué la observación de J.P. que es fundamental: fortalecer el core, mejorar la postura y aumentar la flexibilidad del cuerpo: tal y como lo hace un gato. El gato estira sus músculos para mantenerlos tonificados.

  • Trabajo integral: el cuerpo requiere de un trabajo completo, no únicamente fortalecer y aumentar volumen de piernas, abdomen y brazos. También hay otra gran cantidad de músculos, los largos principalmente, que hacen un trabajo importantísimo en el balance del cuerpo erguido y es necesario tenerlos en cuenta.
  • Fortalecer espalda y abdomen: Hay más de cincuenta músculos en el tórax y la espalda. Todos cumplen alguna función. Cuando ocurren desbalances, enfermedades, traumas, etc, aparecen los dolores de espalda. Y cuando aparece un dolor en la espalda, uno trata de compensarlo con otra mala postura y así, lo único que consigue es deteriorarse más. Las sesiones de pilates dirigidas, fortalecen de manera uniforme estos músculos y previenen dolores.
  • Mejorar la coordinación – motricidad. Otro de los fundamentos de Joseph Pilates fue el control de la mente sobre el cuerpo. Pero esto no es como las películas de kung fu sino que consiste en centrarse en la fortaleza del cuerpo y utilizarla de manera económica, siendo más consciente de los movimientos. Movemos los brazos sin pasar de la altura de los hombros y simultáneamente apretamos el abdomen, para mejorar nuestro equilibrio.
  • Tonificar la musculatura. Como mencionamos en los puntos anteriores, el cuerpo humano tiene muchísimos músculos que hay que tonificar. ¿En qué consiste tonificar los músculos? en hacer que los músculos se vean y se sientan firmes, definidos, sin llegar a los volúmenes de los fisico culturistas. Si lo que quiero es modificar el volumen de mis músculos, hago otro tipo de ejercicio, pero al final, debo estirar y tonificar con método pilates. Observen a los futbolistas de alto rendimiento, ellos lo hacen.
  • undefined
  • Flexibilidad: esta tiene que ver con la capacidad que tienen los músculos de alargarse cuando se trata del movimiento de las articulaciones. Uno nota que su cuerpo está más flexible, cuando se agacha y puede levantarse fácilmente, sin lesionar sus músculos. En la medida en que los músculos se adaptan a los movimientos de una manera más elástica, el cuerpo se mueve mejor y se elimina mejor el ácido láctico en los músculos, que produce fatiga y dolor.
  • Respiración: además de la consecuencia obvia sobre el cuerpo humano cuando no se respira, el óxígeno sirve para que el corazón y el cerebro trabajen en mejores condiciones y así mejoren la saturación en de la sangre. En pilates se ayuda a mejorar la cantidad de oxígeno que entra a los pulmones, mediante la coordinación de respiración con los ejercicios, de forma que esto se vuelva una forma de vida para quien lo practica.
  • Cambia grasa por masa muscular: una clase de pilates en máquina, puede quemar una buena cantidad de calorías. Dependiendo de la intensidad, podrían quemarse alrededor de 500 calorías. ¿Qué hace esto? combinado con la técnica de pilates, de trabajo muscular diferente, el cuerpo utiliza más energía de la grasa que normalmente tiene, en el ejercicio. Así, aunque es posible que no se baje significativamente de peso (se debe combinar con una alimentación balanceada), si cambia la figura de nuestro cuerpo y así puede ayudar a ¡reducir tallas!
  • Bienestar. Hacer pilates en máquina mejora la flexibilidad, la figura corporal, la tonificación de los músculos, la respiración, etc. Esto hace que nos sintamos mejor con nuestro cuerpo y nuestro entorno. Nuestros amigos nos van a decir que hemos cambiado, que hemos mejorado

¡El asunto no es únicamente para sentirse bien sino también para verse bien! 

¿Disciplina para la cuarentena?

Desde cuando yo fui al colegio (parece que hace cientos de años), los Hermanos Cristianos, gente con vocación de docentes puesto que fueron fundados por un educador, Juan Bautista de la Salle, nos inculcaban la disciplina. El colegio lo marca a uno y sigo siendo igual o más disciplinado que en ese entonces. Mire que uno oía que los profesores de esa época eran maltratadores, pero no estos. Al menos yo nunca lo experimenté. Pero en fin, lo que quiero es hablar de mi disciplina, no la de los estudiantes o demás. 

El día a día, de nosotros en la casa, bajo la cuarentena, empieza muy temprano, antes de las seis de la mañana. No por gusto o porque uno quiera, sino que a esa hora las dos gatas que tenemos empiezan a rondar la cama, pidiendo comida. Se distribuyen los papeles, ellas dos, yo creo que una manda a la otra. Una maulla al lado de la cama y la otra se sube y lo mira fijamente a la cara, hasta cuando uno se despierta. No se mueve, sólo mira. Y entonces hay que levantarse a darles el desayuno y luego, ellas se duermen. Tienen sitios muy particulares para acomodarse a dormir, como la foto, ella se llama Cosita, tiene dieciseis años y sí sabe para que es un mouse…

Ya una vez despierto, no se puede volver a dormir, por lo cual es necesario empezar a funcionar: Café, esa bebida maravillosa de Colombia, la cafeína, estimula mi cerebro, la dopamina liberada me hace ahora sí, estar alerta. El olor del café trae un montón de recuerdos de la casa de mis padres.

Veo un par de series viejas esas de la televisión que nos están pasando actualmente y a las 7:15AM empieza mi actividad física. Tengo la suerte de tener un espacio, aunque pequeño, suficiente para caminar, dándole vueltas y vueltas. Un kilómetro y medio dando vueltas, lo contabilizo con mi celular. Me lo meto en el bolsillo de la pantaloneta y cuenta pasos y distancia., unos doce minutos. Seguimos en una rutina de ejercicio dirigida por mi esposa, suerte mía también. Unos diez minutos de brazos, unos diez minutos de piernas, incluyendo sentadillas, unos diez minutos de abdominales y a estirar… Creo que el estiramiento es más duro que el ejercicio, porque le duelen a uno músculos raros, ¡cómo duele estirar los glúteos, se da uno cuenta de los tres músculos que componen esa parte!, se sienten todos, una vez que termina el estiramiento, sabe uno que no le va a molestar el dolor durante el día. Y llegamos a las 8:15AM. Más café. No tengo teletrabajo, soy uno de los pequeños empresarios que se van a ver muy afectados después de la cuarentena. 

Muy bien. No soy parásito, ayudo en las labores de la casa. Limpio pero trapear no porque eso es muy duro para la espalda y preparo cosas de tomar a mi esposa, porque algunos trabajos ella no me los deja hacer. 

Ahora o, puedo hacer como dice la canción del Gran Combo de Puerto Rico: «Yo me levanto por la mañana, me doy un baño y me perfumo, me como un buen desayuno y no hago má ná», o se reinventa uno, porque hay que estar encerrado y despierto durante catorce horas más. Paso a afeitarme la barba que sale más acá en Cartagena, me baño y me visto como si fuera a una reunión informal. 

Entonces me siento frente al computador a leer los periódicos y paso por El Universal de Cartagena, El País de España, El Tiempo y El Espectador de Bogotá, en todos leo noticias y columnistas y me documento para: 1. ver cómo vamos a hacer una vez que pase la cuarentena y tengamos que enfrentarnos a una economía diferente, 2. para poder escribir. Hablo con socios y amigos que están en otras partes, esto del Whatsapp o del Skype es una maravilla. Escribo para este blog, para otro privado que tengo con unos amigos, para un proyecto de libro. No me levanto del escritorio antes de las doce del mediodía, cuando decidimos quién hace el almuerzo, ella o yo y qué vamos a hacer de almuerzo, ayer, curry de pollo.

Por la tarde, oficios varios en la casa, reparar ese aparato que no sabemos ni siquiera desarmar, como la plancha, pero con la ayuda de Youtube, ya podemos y ¡qué bien! quedó funcionando y no sobraron piezas… Ya no vemos mucho los noticieros, porque son monotemáticos: coronavirus, que este señor murió, que esta señora salió de la clínica, que a los trabajadores de algún hospital no les pagan, que… más de lo mismo todos. 

Las tardes en Cartagena de Indias han estado calurosas, antier, cuarenta grados centígrados de sensación térmica y he descubierto una nueva posibilidad, algo que mis papás hacían con disciplina: siesta de media hora luego del almuerzo. Se levanta uno renovado. Listo para las actividades de la tarde. 

Vuelvo al computador, respondo correos, verifico todo el correo inclusive el spam, de pronto me han enviado ahí algo, no abro los correos desconocidos sin verificar quién los envía, etc. Y a leer el libro del cual les hablé, Galois, adolescente con problemas en el colegio. Lo único que le gustaba era la materia de geometría, dictada por el gran Vernier (hay un aparatico de medir cosas que se llama Nonio – Vernier), 

su padre, un poco decepcionado de Auguste, la madre le pide que hable con él, que se ajuicie…¿Suena conocido? 

Y en todo esto, llegan las siete de la noche, veamos una película, tomémonos un whisky y miremos la luna que por estos días ha estado acompañándonos desde lejos, grande, roja o amarilla. Y mañana será otro día.

Un blues para esta época

El viernes 20 de marzo de 2020 a las 18:00 se inició el toque de queda en la ciudad de Cartagena de Indias, para prevenir los contagios del COVID-19.

Al momento de escribir esto, llevamos catorce días en aislamiento preventivo y aunque la preocupación por la economía es muy grande (nuestro negocio se cerró y no tenemos ingresos para pagar las obligaciones que esas sí, no cerraron), sentimos que el deber nuestro como humanos es protegernos de algo que puede llegar a ser aterrador y amenazante para la especie. No sabremos los estragos que va a causar esto. Hoy, hay más de un millón de contagiados en el mundo: como si toda Cartagena de Indias estuviera con la enfermedad.

Sí, encontraremos la vacuna. Sí, recuperaremos la economía. Sí, vamos a mostrar lo mejor de nosotros de manera solidaria con lo que lo necesitan. Sí, la especie va a sobrevivir como lo ha hecho en múltiples ocasiones. No creo en los mensajes apocalípticos de que este virus, invisiblemente va a acabarnos. No creo tampoco que, si no salimos ya, a trabajar por la economía, todos sufriremos daños irreparables. Hay que seguir las recomendaciones de los epidemiólogos, sí. Lo mostraron en China, lo mostraron en Corea del Sur, ellos, los médicos, tienen razón, ¿los políticos y los economistas?, mmm, parcialmente.

Pero vamos a tener pérdidas cercanas. Amigos o familiares que sucumbieron a la pandemia y que no vamos a recuperar. Entonces, para aquellos a quienes nos afectó o afectará de manera directa, quiero recordar el poema de un inglés, nacionalizado estadounidense, W.H.Auden, que se llama “Funeral blues”:

Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,
impedid, con un jugoso hueso, que el perro ladre,
callad los pianos y con un apagado tamborileo,
mostrad el ataúd, dejad que las plañideras se acerquen.

Que los aviones hagan círculos, gimoteando, sobre nosotros,
garabateando por el cielo el mensaje: Él ha muerto,
poned crespones en los cuellos blancos de las palomas,
dejad que los guardias de tráfico porten guantes de algodón negros.

Él fue mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi amanecer, mi medianoche, mi voz, mi canción;
pensaba que el amor duraría siempre: estaba equivocado.

No se desean ahora estrellas: apagadlas una a una;
olvidaos de la luna y desmantelad el sol;
lejos verted el océano y barred el bosque.
Pues ahora de ninguna manera pueden traer nada bueno.

Y recuerden guardar la cuarentena, quedarse en casa, lavarse las manos frecuentemente…Juntos lo lograremos